sábado, 15 de agosto de 2015
miércoles, 22 de julio de 2015
Celos
Me
he dado cuenta, en estos últimos 25 meses, de que soy una persona
bastante celosa. Y eso es algo de mí que no me gusta. He tenido
motivos para estarlo, y lo he estado, y no ha sido una experiencia de
la que haya sacado nada en claro además de que es mejor no sentir
celos. No son beneficiosos para nadie, y lo único que consiguen que
hagas es odiar a gente que muchas veces ni siquiera tiene culpa de
nada. Cuando me han puesto celosa, mis allegadas y allegados -pero
más ellas- me han apoyado, teniendo más o menos confianza conmigo,
y han recurrido a improperios e insultos contra la persona
equivocada. "Qué
puta",
"...y
encima tiene las tetas pequeñas".
¿Por qué arremeten contra ella? Ella es la menos culpable. Ella no
tiene por qué saber que yo existo. ¿Que se fijó en el chico que
estaba conmigo? Pues yo también. No tengo nada de qué culparla. Yo
no la conozco y no puedo juzgarla. Fue él quien traicionó mi
confianza yéndose a coquetear con otra chica a
mis espaldas.
Porque si me lo hubiera dicho yo bien podría haberlo aceptado o
haberlo mandado a la mierda. Y en el hipotético caso de que ella
supiera que él y yo estábamos juntos, molesta
pero no impide.
Se mire por donde se mire, y sea cual sea el caso, el único culpable
es él, y es él el único que merece ser insultado.
Mi
conclusión -y mi consejo- es: si él o ella te da razones para
sentir celos, no la tomes con quien no es, déjale. Si te pone
celosx, será que no le importas tanto. Y quien no te quiere, no te
conviene.
Y otra cosa, muy importante: controla tus celos. Que esté contigo no significa que sea de tu propiedad. Cada persona es dueña de sí misma, y que haya decidido compartirse contigo no significa que tú puedas decidir sobre ella. Hay cosas por las que, hasta cierto punto, es normal sentir celos. Pero otras no. Y por mucho amor que le tengas, puede decidir con quién habla, con quién sale, y si se comparte con alguien más. ¿Puedes aceptarlo? Bien. ¿No? Pues no sigas con esa persona, porque esa relación es dañina para ambxs.
Y otra cosa, muy importante: controla tus celos. Que esté contigo no significa que sea de tu propiedad. Cada persona es dueña de sí misma, y que haya decidido compartirse contigo no significa que tú puedas decidir sobre ella. Hay cosas por las que, hasta cierto punto, es normal sentir celos. Pero otras no. Y por mucho amor que le tengas, puede decidir con quién habla, con quién sale, y si se comparte con alguien más. ¿Puedes aceptarlo? Bien. ¿No? Pues no sigas con esa persona, porque esa relación es dañina para ambxs.
No hagáis
como los míos, que me querían mucho pero no podían soportar la
idea de que tuviera amores platónicos. Y no les parecía suficiente
estar celosos del cantante de R+ que tenían que estarlo también de
personajes ficticios como Ludwig Beilschmidt (Hetalia) o Draco
Malfoy (Harry Potter). Cretinos.
martes, 21 de julio de 2015
Vida social... o algo así
Esta
es la primera vez que exteriorizo esto, y creo que lo mejor es
hacerlo de forma abierta, para no tener que repetirlo una y otra vez.
Para no dar más prioridad a unas personas que a otras, porque nunca
sabes quiénes son las adecuadas.
No
soy una persona demasiado sociable. Nunca se me ha dado bien hacer
amistades, y, una vez las consigo, tiendo a distanciarme de ellas.
Aquellos que en primaria eran mis amigos ya no se acuerdan de mi
nombre. Mi primer verano después de haber empezado la ESO lo pasé
compartiendo mis días con un compañero que ahora ni me dirige la
palabra. Algunos ni siquiera me saludan, otros me tratan como si
fuera la primera vez que me ven, y otros actúan como si no existiese
pero se acuerdan de mi cumpleaños y me felicitan con una sonrisa.
Puede
parecer triste, incluso a mí me lo parece a pesar de que todo eso lo
he provocado yo. Yo no los saludo por la calle, y no hago ni el más
mínimo esfuerzo por recuperar una ínfima parte de la amistad que
tuvimos en algún momento. ¿Por qué? Quizá por el miedo al
rechazo. Al de ellos hacia mí, y al mío hacia ellos.
Hay
personas a las que, por simpáticas y agradables que sean, no soy
capaz de dejar entrar en mi vida. Al principio parece que puedo abrir
mi mundo a una persona en concreto, pero en el último instante me
echo atrás y le cierro la puerta en las narices.
Sinceramente,
no me considero una mala persona. Y no estoy segura de qué es lo que
me hace tan reacia a relacionarme con los demás. Sé que me cuesta
relacionarme con la gente que tengo más cerca, como mis compañeras
y compañeros del instituto, en parte porque mis intereses son
diferentes a los de la mayoría. A pesar de toda mi ignorancia en
comparación con las personas de una formación política muchísimo
más elaborada que la mía -casi inexistente-, me siento, en ese
aspecto, uno o dos pasos por delante del resto de alumnado de mi
mismo curso. Además, nuestros gustos cinematográficos,
bibliográficos y musicales difieren bastante. Increíblemente, me
cuesta bastante encontrar puntos en común con gente que sólo
escucha pop -y en el peor de los casos, reggaeton- solo lee cosas
tipo Crepúsculo y
solo ve películas comerciales. Quiero apuntar que de las 402
canciones que tengo, algunas son pop, que en todos los libros que he
leído hasta ahora, la saga Crepúsculo está
incluida, y que he visto un montón de películas comerciales. Pero
la gente de la que estoy hablando -casi sin excepción- consume solo
lo que consume todo el mundo, y los gustos de otras personas como yo,
que difieren claramente de los suyos, los critican simplemente por no
ser lo que está de moda. Y ese mismo rechazo sin fundamento lógico
que les impulsa a no querer saber nada de los gustos ajenos es el que
a mí me impulsa a no querer saber nada de esa gente y a encerrarme
dentro de mí misma.
Como
quienquiera que esté leyendo esto podrá imaginarse, mi reticencia a
entablar amistad con las personas también afecta a mi vida
sentimental. ¿Cuántas relaciones de pareja he tenido hasta el día
de hoy? ¿Cuándo tuve mi primer amor? ¿Cuánto ha durado mi
relación más larga? ¿Y la más corta? Bueno, para alivio de mis
padres -creo- y como era de esperar, no he tenido ninguna relación
de “pareja” normal. La
primera -y última- vez que mi
novio intentó darme un beso lo
empujé. A los catorce años. Hace casi nada. Después nuestro
noviazgo se acabó
-después de cuatro meses- de una forma un tanto confusa y yo empecé
una relación a distancia con una chica. Y fue ella mi primer amor.
Pero entre que era para ambas
la primera vez con otra chica
y que vivíamos lejos la una de la otra, nos fuimos distanciando, más
si cabe, poco a poco. Diez meses después, ella decidió que éramos
muy jóvenes y que nuestra relación no iba a llegar a ninguna parte,
así que lo dejamos. Tan sólo
cuatro meses más tarde conocí al que habría sido el tercero si no
hubiese dicho seis meses después que no quería una relación.
Quedamos como amigos hasta que él metió la pata hasta el fondo y
quedó como un capullo. Muy a mi pesar mi primer beso fue con él. Y
el segundo.
Tampoco
son unas experiencias demasiado alentadoras, pero tengo que decir,
con un optimismo no muy propio de mí, que de los errores se aprende
y que no pienso volver a caer en ninguna de las piedras anteriores.
Confío en que quienquiera
que esté leyendo esto lo tenga en cuenta si tiene la oportunidad -o
la ha tenido- de conocerme en persona. Me gustaría que no se me
juzgara de antipática por culpa de mi incapacidad para abrirme a
otras personas, y que ésta no fuera un impedimento para que otras
personas se me acerquen, pues yo siempre estaré ahí para apoyar a
quien lo necesite y, aunque tienda a automarginarme, nunca he
marginado a nadie más.
Muchas
gracias por haberme leído.
jueves, 16 de julio de 2015
Apatía
(Hasta hace unos años había un montón de gente con blogs. Blogs escritos, como éste. Ahora, sin embargo, abundan los "vlogs" de YT. Que sin duda tienen muchos más seguidores que los primeros. La gente prefiere ver y escuchar a leer y enterarse de lo que está leyendo. Sin duda es mucho más práctico y apenas cuesta esfuerzo. Es triste ver cómo se pierde la cultura.
Pero cada unx es libre de emplear su tiempo libre como quiera, y yo no soy quién para juzgar a nadie por ello).
Cuando la profesora de Ética nos dio las notas finales del curso, después de dudar si ponerme un nueve o un diez -que al final fue un diez-, me dijo: "Ángela, tú tienes un problema... Tú eres un poco vaga". Sí, lo soy. Nunca he tratado de ocultarlo... y nunca ha sido un complejo. Todos mis profesores y profesoras lo han sabido siempre, y esa ha sido su única queja durante todos mis años de estudio.
Pero cuando ella me lo dijo, y después añadió: "Quien tiene facilidad para trabajar, debería trabajar siempre, ¿no?", mis quince años anteriores se tambalearon y amenazaron con desmoronarse. Todos los días de vacaciones que han pasado hasta hoy esa frase ha estado taladrándome la cabeza (lo que no significa que haya dejado de hacer el vago). Creo que nunca nada que me haya dicho una profesora o profesor (excepto el de Francés de 3º, que es el señor más maravilloso que me ha dado clase en toda la secundaria) me ha quedado tan grabado a fuego en el cerebro como eso.
Es una verdad como una casa, y sería muy tonto por mi parte intentar negarlo. Tengo facilidad para trabajar en ciertas cosas, pero no hago nada. Y lo justifico diciendo que "no tengo suficiente motivación". Yo, la que no daba crédito cuando mis compañeros decían que sin un incentivo económico a mayores del sueldo fijo (o sea, la creencia popular de que en el comunismo todos ganan lo mismo aunque trabajen mucho, trabajen poco, o se rasquen la barriga) era obvio que la producción cayera al no tener los trabajadores ninguna motivación para hacer su trabajo (explicado de una forma bastante más simple; si ellos leyeran esto ahora probablemente no entenderían nada). Precisamente yo soy la que excusa su falta de trabajo en la falta de motivación. Y ahora no estoy hablando del trabajo académico.
Ahora estoy hablando de que en todo lo que llevo de vacaciones no he movido un dedo para intentar convertir mi habitación en un sitio habitable. Algo que se supone que debería ser suficiente motivación. Para más inri, tengo la PlayStation restringida hasta que lo haga. Tengo dos opciones para utilizarla: a) Fregar los platos y tender la ropa para poder jugar ese día y b) Arreglar mi habitación y tener acceso a la play durante el resto de las vacaciones sin tener que hacer nada más.
De momento voy tirando con la a). ¿Me siento orgullosa? No. ¿He hecho algo para intentar poner orden en mi habitación? Tampoco. Mi profesora se quedó un poco corta cuando dijo "...un poco vaga". Soy vaga a más no poder.
Estuve pensando el otro día (al parecer pensar es lo único que hago por inercia y por eso no me cuesta trabajo, lo cual es un puntazo) que si me reservo un fin de semana entero puedo dejar mi habitación reluciente, pero para eso tengo que empezar o viernes por la tarde o sábado por la mañana. Y si quiero aprovechar la mañana del sábado, necesito un permiso especial para no ocuparme de la otra habitación de la casa que me toque ese día (sí, así es mamá), por lo que ahora debería ponerme a redactar una petición formal que me garantice la exención de ayudar en casa este fin de semana.
jueves, 2 de julio de 2015
Aspiraciones de una obsesa del lenguaje escrito
Llevamos ya... 13 días desde que empezaron las vacaciones. Parecían más antes de contarlos.
Tengo que aprovechar estos tres meses (bueno, tres... dejémoslo en dos y medio) para hacer algo que merezca la pena. Y no hablo de playa y fiesta. Eso no va conmigo. Tampoco hablo de "aprovechar que tengo tiempo libre para hacer limpieza", como me exige mamá.
Yo quería -y no es que me sienta demasiado orgullosa- sacar algo de dinero para cierto concierto en 2017... pero siendo realista, soy demasiado vaga para ponerme a trabajar con este calor.
Uno de mis propósitos de Año Nuevo era "acabar todos esos proyectos literarios que tengo empezados". Es sabido desde siempre que los propósitos de Año Nuevo raramente se cumplen, pero en mi caso es peor. Como si no tuviera ya bastantes posibles futuras novelas empezadas (cuatro, más concretamente), ahora sigo añadiendo más.
Sé muy bien que para escribir un libro (uno, no cinco) hace falta no ya imaginación, la imaginación es optativa, sino datos. Para escribir algo digno de leerse hay que estar documentada. Y yo, por muy inteligente y madura que me crea, me doy cuenta de que no tengo idea alguna sobre absolutamente nada. Así no se puede escribir (por qué será que no soy capaz de terminar nada de lo que empiezo).
Desde pequeña siempre tuve muy claro mi futuro como escritora. A los ocho años releía mis escritos horrorizada y pensaba: "Cuando tenga dieciséis escribiré mejor". Ahora, a tres meses de cumplir los diecisiete, ya he abandonado esas ilusiones (que no intenciones) y me conformaré con la corrección ortográfica. Eso sí que no tiene pérdida.
Cada vez me doy más cuenta de la falta que hace la ortografía en el mundo. Leo noticias de periódicos y etcétera y me echo las manos a la cabeza. ¿Cómo alguien puede ser periodista sin saber redactar? No, redactar no. ¿Cómo puede alguien ser periodista sin saber las reglas ortográficas básicas?
En las redacciones hay correctores ortográficos y correctores de estilo, que son quienes se encargan de corregir (valga la redundancia) las noticias escritas por los periodistas. El trabajo del periodista se limita a encontrar la noticia, no tiene la obligación de saber cómo redactarla después, porque de eso se encargan otras personas. Sin embargo, si no hay correctores, entonces el periodista sí que debería al menos utilizar el del procesador de textos que tenga instalado en el ordenador o en uno de Internet. No será tan eficaz, pero es mejor que nada.
Y no sólo en los textos periodísticos. Últimamente casi todo lo que leo por ahí (y en especial en la web) tiene algún fallo tonto, probablemente consecuencia de no haber releído lo escrito antes de publicarlo (que a mí también se me olvida a veces, pero siempre paso el corrector). Tildes desaparecidas o mal puestas, espacios inexistentes y el problema más común al escribir a ordenador: pulsar una tecla que no es la letra que tú quieres.
A mucha gente le parece cansina mi obsesión por la ortografía y la gramática. Quizá porque soy incapaz de dejar de corregir a todo el mundo. Pero en fin, si esa es una de mis mayores aptitudes y existe la posibilidad de que me paguen por ello, ¿qué tengo que perder? ¡Es el mejor futuro que jamás podría haber soñado!
Desde pequeña siempre tuve muy claro mi futuro como escritora. A los ocho años releía mis escritos horrorizada y pensaba: "Cuando tenga dieciséis escribiré mejor". Ahora, a tres meses de cumplir los diecisiete, ya he abandonado esas ilusiones (que no intenciones) y me conformaré con la corrección ortográfica. Eso sí que no tiene pérdida.
Cada vez me doy más cuenta de la falta que hace la ortografía en el mundo. Leo noticias de periódicos y etcétera y me echo las manos a la cabeza. ¿Cómo alguien puede ser periodista sin saber redactar? No, redactar no. ¿Cómo puede alguien ser periodista sin saber las reglas ortográficas básicas?
En las redacciones hay correctores ortográficos y correctores de estilo, que son quienes se encargan de corregir (valga la redundancia) las noticias escritas por los periodistas. El trabajo del periodista se limita a encontrar la noticia, no tiene la obligación de saber cómo redactarla después, porque de eso se encargan otras personas. Sin embargo, si no hay correctores, entonces el periodista sí que debería al menos utilizar el del procesador de textos que tenga instalado en el ordenador o en uno de Internet. No será tan eficaz, pero es mejor que nada.
Y no sólo en los textos periodísticos. Últimamente casi todo lo que leo por ahí (y en especial en la web) tiene algún fallo tonto, probablemente consecuencia de no haber releído lo escrito antes de publicarlo (que a mí también se me olvida a veces, pero siempre paso el corrector). Tildes desaparecidas o mal puestas, espacios inexistentes y el problema más común al escribir a ordenador: pulsar una tecla que no es la letra que tú quieres.
A mucha gente le parece cansina mi obsesión por la ortografía y la gramática. Quizá porque soy incapaz de dejar de corregir a todo el mundo. Pero en fin, si esa es una de mis mayores aptitudes y existe la posibilidad de que me paguen por ello, ¿qué tengo que perder? ¡Es el mejor futuro que jamás podría haber soñado!
domingo, 28 de junio de 2015
28 de Junio
Una
vez más, ha llegado por fin el Día del Orgullo LGTBI. Este 2015,
además, contamos con un hecho histórico: la legalización del
matrimonio igualitario en todo Estados Unidos.
La verdad es que aún quedan muchos países -demasiados- en los que la homosexualidad
es castigada con severidad. En Uganda la homosexualidad no es legal, o
por lo menos esa es la última información que me ha llegado, y no
quiero ni hablar de Rusia. ¡Ay, Rusia, echando por tierra todos los
avances de la civilización! ¡¿Y tú te haces llamar país
desarrollado, Rusia?!
Pero
es algo increíble que en EE.UU. se haya aprobado esto. Sobre todo si
tenemos en cuenta ciertas circunstancias como, por ejemplo, el pastor de Texas que amenazó con prenderse fuego a sí mismo si se aprobaba el matrimonio igualitario,
o las movilizaciones de católicxs en Chihuahua contra el ya mencionado muchas veces matrimonio igualitario.
Ayer
tuve la oportunidad de asistir a la manifestación del Orgullo, y
tengo que decir que estoy encantadísima. Personas mayores, personas
jóvenes, niños, niñas, bebés, perros... Hubo muchísima más
gente que en la manifestación de hace dos años (el año pasado hubo
concentración).
Las
banderas arco iris se perdían en el horizonte. En vez de las
consignas ligeramente ordinarias de la última vez, nos acompañaba
un grupo de percusionistas increíbles.
Al
igual que todos los días, pero hoy más que nunca, quiero animar a
todo el mundo a salir del armario, quizá no de forma pública, porque es
una decisión bastante personal y siempre hay que tener en cuenta
muchas cosas (y no es lo mismo ser gay en España que ser gay en
Rusia - ay, Rusia).
Pero
si no es salir del armario, sí que es muy importante el que una
persona sepa aceptarse a sí misma. Muchas veces es peor el peso de
la conciencia que cualquier cosa que te puedan hacer los demás. Por
eso quiero recordar a todas y todos que, sea cual sea la sexualidad o
el género de cada unx, y sean cuales sean sus circunstancias
personales, que pueden limitar más o menos sus libertades, nunca la
transexualidad, la homosexualidad, la bisexualidad, la pansexualidad,
la asexualidad, la intersexualidad, etc., va a ser una enfermedad, ni
una desviación, ni nada relacionado con ninguna patología. Existen
más de dos sexualidades y existen más de dos géneros. Y si alguna
vez a alguien le dicen -como a mí- que la (inserte prefijo
aquí)-sexualidad es antinatural, que el ser humano nació para
crecer, reproducirse y morir, y nada más, que no olvide jamás
que la pa/maternidad es una opción y que la homosexualidad está
presente en más de 150 especies desde la Prehistoria.
Termino
mi comunicado de hoy con unas fotos de la manifestación de ayer. Besos
y abrazos. Y, de verdad, me siento muy orgullosa de todos nuestros
progresos mundiales.
jueves, 25 de junio de 2015
Se acabó la Educación Secundaria Obligatoria
Parece que fue ayer cuando escribí emocionada lo genial que iba a ser 4º de ESO. Ahora es un alivio haberlo terminado.
El martes fui a buscar las notas con mi madre y mi hermano. Sorprendentemente (en realidad, no tanto) soy una de las pocas personas de mi grupo que consigue el título de la ESO en junio. Concretamente, soy el 50%.
Tengo que añadir que, además, tengo unas notas muy buenas. Eso para todas aquellas personas que leen lo que yo escribo y piensan "pobre desgraciada, se piensa que con sus ideas de proletaria marimacho analfabeta va a cambiar algo en el mundo". Las hay, en efecto. Y sólo por alardear para quien no me crea doy más detalles:
- Matemáticas: 6-Bien
- Historia: 6-Bien
- Lengua y Literatura: 7-Notable
- Educación Física: 7-Notable
- Francés: 8-Notable
- Inglés: 9-Sobresaliente
- Latín: 10-Sobresaliente
- Cultura Clásica: 10-Sobresaliente
- Informática: 10-Sobresaliente
- Ética: 10-Sobresaliente
Mi nota media del curso es un 8. No quiero ni pensar en lo que hubiera sacado si me hubiera esforzado un poco.
domingo, 7 de junio de 2015
El cuento de nunca acabar
Ya todo el mundo está harto de oírme hablar de lo mismo: "que si RAMMS+EIN esto, que si Till Lindemann lo otro...". Y sí, no negaré que soy monotemática (como le dije a un amigo hace tiempo, no dejo de hablar de monos).
Pero creo que últimamente he conseguido controlar mi obsesión bastante bien. Y como eso no puede ser, pues ahora voy a tener que desahogarme un poco. Todo porque ayer fui a un concierto y tenían un parche de R+, que yo no pude comprar porque no tengo dinero y ahora estoy afectadísima.
No sé quién lo sabe y quién no -o le importa- pero, como mencioné hace poco de pasada, Till Lindemann está descansando de RAMMS+EIN con un nuevo "grupo" llamado LINDEMANN (formado por él y Peter Tägtgren).
Till dijo hace no demasiado tiempo que "Lindemann es como la amante joven y apasionada, mientras que R+ es la esposa vieja y amargada, que te da mal sexo y con la que sólo te quedas por los niños". Cualquiera que me conozca (o que me haya leído anteriormente) sabrá lo que pienso de sentencias como éstas, pero no voy a escribir otra carta a nombre de Till Lindemann y dirigida al resto del mundo explicando mi profunda decepción. ¿Por qué? Pues porque ya estoy bastante frustrada como para encima volver a enfadarme otra vez con un señor que ni siquiera me conoce. Con lo cual, prefiero pensar que, como dice él, "hay que leer entre líneas, ya que es sarcasmo, que nadie se piense que
es verdad, es humor negro. Es importante para la gente que
luego se piensan cosas raras".
Además, si lo que se dice es verdad (y debe de serlo porque hay una prueba viviente), ese caso de la amante y la esposa lo ha vivido él desde la perspectiva de la segunda. Los rumores dicen que a él, su mujer lo engañó con Richard Z. Kruspe (guitarrista de R+) y que tuvo una hija suya antes de divorciarse, y por eso la hija de Kruspe se llama Khira Lindemann.
Especulando sobre la vida de este hombre y cayendo en el chismorreo implícito en el fanatismo podemos darle la vuelta a la frase y aplicarle su propia justificación. Pero las conjeturas basadas en cotilleos y rumores nunca son demasiado fiables.
Esto del humor negro lo dijo de forma genérica, pero como respuesta a una pregunta que le hicieron sobre Praise Abort, el primer vídeo oficial de LINDEMANN en la web. Aquí vuelvo a sacar una vez más mi vena escéptica. Praise Abort (Apruebo el aborto), teniendo en cuenta que es un tema escrito sarcásticamente, realmente significaría que Till es contrario al aborto. Visto desde una perspectiva general, la canción da a entender que el aborto es un acto inhumano ejercido por seres infames que odian a sus hijos. Sin embargo, vuelvo a remitirme a sus palabras: "Realmente es ficción, aunque probablemente haya algún caso, pero
realmente es una historia y muy graciosa, ya que imagínate que tienes un
amigo con esa situación". Dónde le ve Till la gracia es un misterio, pero él fue quien escribió la letra; él se entenderá.
Como ya habré dicho anteriormente, este blog es para todos los públicos, por lo que no voy a compartir el vídeo de Praise Abort, una canción sencilla pero pegadiza que, te guste o no, no es fácil sacártela de la cabeza. No es un vídeo, a mi parecer, demasiado fuerte, pero puede haber a quien le afecte o a quien le parezca soez. Quien esté interesadx sólo tiene que buscarlo en YouTube.
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