viernes, 10 de junio de 2016

Encuentra lo que amas y deja que te mate

El nombre del escritor estadounidense Charles Bukowski (nacido en Alemania como Heinrich Karl Bukowski) lleva grabado en mi cabeza desde una muy temprana edad, no porque hubiese leído su obra sino porque oía su nombre en todas partes aun sin saber quién era el tal Bukowski ni qué escribía.

El año pasado la revista "Kerrang!" publicó una entrevista a Till Lindemann (cantante de R+ y Señor Todopoderoso) en la que hablaba de Bukowski como su ídolo y decía algo así como que no habría podido escribir poesía sin él. Ni aun siendo el ídolo de mi ídolo se me pasó por la cabeza un solo momento leer algo suyo.
T. Lindemann trabajando
 
Pero para algo están las clases de Literatura Universal. Ayer, Esmeralda, la mejor profesora habida y por haber, nos pasó un par de hojas de poemas, todos sin el nombre del/la poeta y numerados. El timbre sonó cuando habíamos acabado de leerlos y Esmeralda nos preguntó cuál nos había gustado. Alguien tuvo tiempo de decir "¡el 2!" y ahí se terminó la clase. Pero yo me había quedado pillada con el 6 hasta el punto de tener la necesidad de saber quién lo había escrito, así que, antes de irme, fui hasta la mesa de la profesora y se lo pregunté. "Bukowski" me dijo, con un deje entre complacencia y confusión. Y entonces todo tuvo sentido. Comprendí por qué me había gustado el poema de Bukowski, comprendí por qué a Till Lindemann le gustaba Bukowski, comprendí por qué a mí me gusta Till Lindemann. "Conque Bukowski fue el Señor Todopoderoso antes que Till", fue lo que pensé. Las coincidencias -si es que lo son- siguieron apareciendo: Bukowski murió en el 94, año en el que Till Lindemann entró oficialmente en el mundo de la lírica.
 
Eso me ha llevado a pensar (que es lo único que hago por inercia) que si Till Lindemann supo adaptar tan bien el estilo de Bukowski a sí mismo y su arte, aun sin el reconocimiento mundial que reside en su obra, y mantenerlo vivo, yo que idolatro al sr. Lindemann (y ahora también a Bukowski) y lo(s) utilizo como referente a la hora de escribir, ¿podría yo ocupar el lugar del cantante de R+ como "Señor Todopoderoso"?
 
No, no he tomado setas. Mi cabeza es así.
 
"Encuentra lo que amas y deja que te mate", Charles Bukowski.

Dejando a un lado mis desvaríos mentales, ¿por qué me gusta Bukowski? La verdad es que en un principio me recordó un poco a las canciones de R+, aunque más profesional. El estilo de Bukowski (en lo que a poesía se refiere) es casi prosaico, con un deje narrativo que a mí, personalmente, me gusta. Es muy natural, de una forma que parece escrita simultáneamente al fluir del pensamiento. También me gusta el carácter pesimista, duro y marginal de su obra ("Realismo Sucio"), abordado de forma directa e incluso soez y a la vez expresado con metáforas delicadas.

Además, le gustaban los gatos.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
...¿Se podrá llegar al nivel de Bukowski o de T.L. sin alcohol?

miércoles, 1 de junio de 2016

Ella también me quiso

En Literatura Universal estamos con las Vanguardias, haciendo especial hincapié en el surrealismo. Por eso se nos ha pedido que, a partir de una enumeración,  elaboremos un pequeño poema surrealista nosotras mismas para poner en práctica la creación de imágenes y la metáfora subjetiva.
Así que voy a dejar por aquí una muestra de mi trabajo, demasiado personal como para presentarlo para nota.


Ella es mi reina cuando juego al ajedrez.
La hamaca del jardín que quisiera tener si tuviese jardín.
Una caja de chocolates que se acaba con demasiada rapidez.
Ella es la sombra de un abedul en un día de bochorno.
La franja morada de la bandera republicana.
El olor a canela del arroz con leche.
Es una clase de Plástica de creación libre.
Canadá en un día de nieve.
Brisa marina en la estepa castellana.
Ella, una alpaca con complejo de cabra montesa.


"Ella también me quiso", Ismael Álvarez

jueves, 31 de marzo de 2016

La Metamorfosis

Hace poco leímos La Metamorfosis de Kafka en Literatura Universal. Como trabajo para Semana Santa (o vacaciones de primavera) tuvimos que escribir nosotrxs nuestra propia metamorfosis. Y yo, incapaz de alejar mi mente de los siempre presentes puntos flacos de la sociedad en la que vivo, escribí esto.


Cuando Gerardo de Diego Montoya abrió los ojos, tras aquella noche de la que él no conservaba recuerdo alguno, no notó nada fuera de lo común. A pesar de haber dormido más de diez horas y de haber ignorado el despertador que había sonado hacía cuatro – durante hora y media y a máximo volumen –, seguía teniendo sueño. Como siempre desde hacía quince años.

sábado, 12 de marzo de 2016

Un poco de feminazismo semanal

Este martes fue el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Desde el Ayuntamiento se organizó un acto a mediodía para que el alumnado de los institutos escribiera un manifiesto propio y lo leyera públicamente.

En nuestro instituto, desgraciadamente, se avisó tarde - o no con suficiente tiempo - y nos lo dieron todo preparado desde la Biblioteca. Leímos un texto de Eduardo Galeano (Si él hubiera nacido mujer) y algunos poemas de Antía Otero.

Hubiese sido mucho más digno para nuestro instituto (del que sólo fue mi clase) que nos hubieran dejado leer primero. En el otro, cada uno, o cada dos, o cada tres, prepararon su propio manifiesto, escribieron sus propias redacciones, se expresaron como quisieron. A nosotras nos lo dieron todo mascado y yo personalmente - el resto no sé - me sentí muy avergonzada, no solo por no haber tenido la ocasión de leer algo de mi propia cosecha, sino por otras razones a mi entender más indignantes todavía.

En mi clase las chicas somos mayoría absoluta, los superamos veintidós a seis. De seis alumnos, al acto vinieron dos. El resto se había "olvidado la autorización en casa". Es cierto que un par de chicas tampoco vinieron, pero no es lo mismo. Me parece muy feo, incluso insultante, el que desde la parte masculina de mi clase - en contraposición a la paridad del otro instituto - se muestre una tan clara y descarada indiferencia, rozando el desdén, ante la lucha feminista. De hecho, los dos compañeros que vinieron con nosotras vinieron únicamente para darnos apoyo moral o algo así - que ya es más que los otros cuatro -, porque creo recordar que no leyeron nada.

Dejando a un lado la vergüenza que siento todavía ahora, y a pesar de que en el momento de estar escuchando los escritos de las demás personas sentí una sincera admiración, quisiera hacer una pequeñísima crítica y a partir de ella aprovechar para redactar ahora lo que debería haber tenido preparado para leer el martes.

El tema general de los ya mencionados manifiestos giraba sobretodo en torno al papel de la mujer como madre y de la infravaloración del trabajo doméstico en la sociedad. También en un par de ellos se trataban los cánones de belleza impuestos por el patriarcado. Creo que es normal que, siendo estudiantes quienes los escribieron, se trate algo cercano, que les afecte directamente. Pero leer cinco, seis o más manifiestos en los que se habla de lo mismo y en los que además no aparecen términos importantes como "feminismo" o "patriarcado" me parece un poco superfluo e insustancial, teniendo en cuenta todos los aspectos en los que nos enfrentamos a una injustificada desigualdad.

Con esto no quiero infravalorar el esfuerzo de las alumnas y alumnos del otro instituto; como ya he dicho, hicieron más que nosotras. Sin embargo, yo hubiera - de haber tenido tiempo - cubierto algunos otros ámbitos también relacionados con la adolescencia.

Me refiero, por ejemplo, a la friendzone. Este término se utiliza mucho últimamente, en mi experiencia personal para reírse de un chico/hombre si tiene amigas mujeres que son solo sus amigas. La friendzone obedece a la popular creencia patriarcal de que si eres "bueno" con las mujeres, ellas te recompensarán con "muestras de afecto" (desde un beso hasta amor incondicional eterno, pasando por permiso de manoseo y puede que algún "favor"), y si no, entonces son "unas zorras frígidas feminazis desagradecidas que solo quieren ver el mundo arder".

Esto me lleva a hablar de otra materia muy común cuando se habla de adolescentes. No es ningún secreto que la actividad que más tiempo consume en la vida de un adolescente es la autocomplacencia. Nos lo recuerdan todos los días en la televisión, ya sea en películas, series... ¿Y en qué se recrea el adolescente estándar para ello? ¿Utilizar su imaginación? ¿Literatura erótica? Já. No.

La pornografía, por mucho que duela, es importante en la adolescencia. Es el primer paso hacia lo desconocido, la forma de aprender de lo más llamativo - al menos en ese momento - del mundo adulto sin tener que pasar vergüenza al preguntar. Pero, ¿qué es lo que aprende el adolescente estándar viendo porno?
  1. Que la principal función de la mujer en la sociedad es como fuente de placer.
  2. Que si un hombre es agradable con una mujer, ella debe recompensarlo adecuadamente.
  3. Que los genitales son todos iguales. Los femeninos, los masculinos no.
  4. Que una mujer solo es sexualmente atractiva si no tiene un solo pelo en el cuerpo - excepto en la cabeza - y si tapa con maquillaje cualquier imperfección facial (aunque eso no es exclusivo del porno).
  5. Que las mujeres no tienen vello púbico (aunque eso las haga más vulnerables a las ETS).
  6. Que en realidad la palabra "mujer" es un eufemismo. El término correcto es "puta"/"zorra"/"guarra" y sus respectivos derivados en "-illa".
  7. Que las mujeres se sienten sexualmente atraídas por todo lo que se mueve.
  8. Que las mujeres se excitan inevitablemente ante comportamientos violentos y/o denigrantes.
  9. Que cuando ella no quiere tener sexo en realidad sí quiere, por lo que el hombre está autorizado a abusar de ella sin tener que sufrir consecuencias después, ya que resulta que tiene un pene todopoderoso y ella lo disfruta enormemente.
  10. Que la vida de las mujeres gira en torno al pene del hombre, que da sentido a su existencia.
Así, en el improbable caso de que el adolescente estándar hubiese permanecido hasta ese momento en una burbuja que suavizara los efectos del patriarcado, en cuanto llega a la etapa de la efervescencia hormonal y la insaciabilidad esa burbuja explota y toda la porquería lo ahoga de repente sin darle tiempo a cubrirse.
 
Y ahora llega mi pregunta: ¿Qué pasa con las adolescentes? Es un hecho ya asimilado mundialmente que el adolescente estándar se masturba. Puede incluso decirlo abiertamente a otras personas. En el instituto se oyen alusiones al respecto todos los días. Hace poco, en el aula de al lado tuvieron un debate interesantísimo en horas de clase acerca de cómo eyaculan los hombres, y cada uno dio su visión individual con sus experiencias personales como base.
 
¿Y nosotras? ¿Qué relación tienen las adolescentes con la autocomplacencia y la pornografía? ¿Qué pasa si alguna se ve atrapada en "vicios de hombre" y accidentalmente se le escapa algo fuera (o dentro) de su casa? ¿Si se muestra interesada en algo relacionado con el sexo? ¿Si se masturba? ¿Si disfruta de su etapa de efervescencia hormonal e insaciabilidad al igual que hacen sus contemporáneos varones?
 
Probablemente se la tachará de "puta". Será víctima de miradas de asco, de desaprobación por parte de su familia, de burlas por intentar formar parte de un mundo que no es el suyo, un mundo de hombres. Las mujeres la rechazarán por abandonarse a los "impulsos animales" ante los que solo pueden ceder ellos y los hombres la rechazarán por ser una mujer sin femineidad. Dejará de ser una "chica respetable".

Como quiero pasar a otro tema en relación con esto, termino con un discurso de la pornógrafa feminista sueca Erika Lust.
 
 

Pasemos ahora a hablar de "mujeres respetables". Las prostitutas. Más comúnmente conocidas como "putas", "zorras", "furcias" o "fulanas". Es interesante el hecho de que la mayor parte de la gente que defiende que la prostitución es un trabajo digno se refiere a ellas con esos términos, casi siempre acompañados de una risita gilipollas al final (perdón por el epíteto sincero grosero).  
 
También es llamativo que todas esas personas "igualitarias" - hombres y mujeres - que creen que el feminismo es discriminatorio (porque no saben lo que es) están en contra de la abolición de la prostitución, ya que la consideran una represión de las libertades humanas. Y sin embargo, esas mujeres "igualitarias" se ofenden si por alguna razón se las compara con esas otras mujeres de tan digna profesión, y esos hombres "igualitarios" consideran una ofensa hacia las mujeres "normales" compararlas con las prostitutas.

¿Por qué tanto interés en defender hipócritamente la "libertad" sexual de las mujeres que ejercen la prostitución si después critican a todas las demás que mantienen relaciones con "demasiados" hombres? ¿Por qué defender el derecho de las mujeres a prostituirse para después ignorar su existencia o volcar desprecio en ella?

El año pasado, uno de mis compañeros decía que si una mujer disfrutaba del sexo y quería ganar dinero con ello, que él lo veía bien. Pero lo que se vende en la prostitución no es sexo, son mujeres. Cuando se paga a una prostituta, se está comprando a una persona. La prostitución es esclavitud. Y ella conlleva trato con mafias, tráfico de mujeres, secuestros, chantajes... Y no solo se prostituyen mujeres, también niñas. Y niños. 

Pero mi pregunta real es: ¿por qué se critica a las prostitutas y no a quienes las compran? Si no hay clientes, no hay prostitución. Y hasta que los hombres no dejen de comprar mujeres, no podrá haber igualdad.

Seguid llamándonos "feminazis".


miércoles, 2 de marzo de 2016

Jérôme & CO.

Están echando Deadpool en el cine y yo aún no he ido a verla. "Cuando tengamos coche y dinero", ha dicho mi madre.

Esta tarde he hecho el examen de Lengua Castellana y Literatura. Dejando a un lado el hecho de que no llegaban los asientos del salón de actos para todo el mundo y que tres chicas y yo tuvimos que hacer el examen en el escenario, no estuvo del todo mal. Me había estresado más de lo necesario.

Por alguna extraña razón, últimamente me cuesta escribir, pero soy más propensa a ello. Quiero decir que escribo más, pero peor... o algo así. Por ejemplo, mi última redacción de Inglés. Sí, vale que la profesora me puso un diez, pero tuve varios fallos tontos y me comí la mitad de una frase. La mitad.

Otro ejemplo: Ricardo y Gael. No sé si alguien se acuerda de Ricardo y Gael. Escribí una entrada sobre ellos hace bastante tiempo. Es inútil buscarla, me dio vergüenza ajena y la borré. El caso es que los personajes me gustaron, tomaron forma en mi mente y decidí sacarles provecho. Como a Jérôme.
Jérôme. ¿He hablado de él alguna vez? Supongo que no.

Conocí a Jérôme cuando él decidió darse un paseo por mi subconsciencia una noche de verano. Puede parecer raro hablar de "él" como una persona cuando simplemente es una idea, pero aunque sea intangible y con casi total seguridad inexistente, es una persona.

El caso es que Jérôme apareció de repente en mis sueños y resultó ser la única cosa coherente. Cuando me desperté a la mañana siguiente, tenía un vago recuerdo de él, pero no conseguía recordar su nombre - solo que era francés. Así que lo llamé Gérard. Quise escribir algo sobre él en base a lo poco de lo que me acordaba, pero el nombre no me cuadraba y no era capaz. Estuve semanas intentando sin éxito recordarlo para poder escribir, hasta que él apareció de nuevo mientras dormía única y exclusivamente para decirme su nombre.

Cambié "Gérard" por "Jérôme" en todos mis escritos, y él siguió apareciendo todas las noches. Pero aun así no fui capaz de progresar ni un poco. Escribí un montón de primeros párrafos, pero ninguno era lo suficientemente bueno para Jérôme. Era mi mejor creación. Nunca mi cerebro podría haber imaginado a alguien tan perfecto. No una perfección física ni moral, no. Jérôme no era ningún ejemplo a seguir; era como un genio malvado, un psicópata misántropo en toda regla. Pero tenía una mente tan maravillosa, era un personaje tan, tan completo... Con sus virtudes, sus defectos, sus problemas mentales, sus manías, sus coletillas, sus miradas inteligentes cargadas de significado...

Demasiado perfecto para ser un personaje creado por mi subconsciencia. Intenté una y otra vez escribir algo digno de su magnificencia, pero todo era demasiado irreal, amorfo y carente de significado en comparación con mi maravilloso Jérôme, quien todavía me visita de vez en cuando para animarme a encontrarle un sitio en el que quedarse.

Espero que no me pase lo mismo con Ricardo y Gael.




domingo, 14 de febrero de 2016

Ficción VS Realidad

[CUIDADO: posibles spoilers de Shameless (US)]


Tengo la sensación de que mis problemas mentales han crecido últimamente. A principios de enero me sentía muchísimo más madura y estaba dispuesta a esforzarme en clase, a limpiar a fondo mi habitación y conservarla ordenada e impecable el resto del año, a salir de casa un poco más y, sobretodo, a mantener mi mente alejada de cosas innecesarias y ajenas a mis responsabilidades. 
Ja. Yo y mis utopías. Estamos a mediados de febrero, apenas he salido de casa más de lo necesario, mi habitación sigue igual que el año pasado y en clase más de lo mismo. Y mi cabeza está cada vez peor. Yo pretendía (en realidad no) quitarme de la cabeza todas esas estúpidas obsesiones y aquí estoy, con la angustia matándome mientras escribo porque empecé (y terminé) a ver Shameless y ciertos personajes me destrozaron el corazoncito al final de la quinta temporada.
Mi estúpida tendencia a establecer vínculos sentimentales con personajes ficticios a menudo me hace faenas como esta y me deprimo durante algún tiempo, relativo al nivel de obsesión (y teniendo en cuenta que he estado viendo media temporada cada día, va a ser bastante). Ian y Mickey parecían ser los únicos que al fin conseguirían un poco de felicidad, pero pasó lo que pasó y, a pesar de ser tan sólo una serie, me afectó demasiado incluso para ser yo. Cuando empecé a ver Shameless no se me habría ni pasado por la cabeza que el macarra de barrio de Mickey Milkovich (Noel Fisher) pudiera llegar a ser mi personaje favorito. Ahora estoy aquí, llorando porque su relación no funciona y llorando más aún porque estoy deprimida sin razón lógica. Ian Gallagher y Mickey Milkovich no existen, son personajes ficticios interpretados por actores con su propia vida, pero mi cerebro no acaba de procesarlo y me toca esperar a que se me pase el bajón.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Llevando la igualdad a la infancia

Hace exactamente un mes, el 25 de noviembre (sí, lo cuento con un poco de retraso), tuve la oportunidad de ir al colegio donde cursé Educación Primaria a dirigir un debate sobre violencia de género entre el alumnado de 5º y 6º.
Mi compañero y yo nos vimos "obligados" a empezar el debate a partir de un vídeo escogido por los coordinadores del colegio, que ni él ni yo considerábamos del todo correcto desde un punto de vista feminista. Este vídeo, se mire por donde se mire, está marcado por una fuerte influencia del patriarcado, independientemente de la intención con la que se hiciera.
Sin embargo, creímos que la base del vídeo era buena y utilizamos sus puntos flacos para despertar la capacidad de reflexión crítica de las niñas y niños.
Dejando el vídeo a un lado, ese día en el colegio me hizo darme cuenta de lo mal que está el mundo (que ya lo sabía, pero ahora más). En un par de clases, ambas de 6º, la mayoría estaba familiarizada con el término "violencia de género" y estaba concienciada de antes, lo que fue un alivio e hizo más amena y agradable nuestra estancia allí.
Ahora bien, esas fueron dos clases de siete. En las otras cinco fue todo lo contrario. No es sólo que el patriarcado estuviese totalmente intrincado en ellxs, sino que una gran parte ni siquiera tenía una mínima idea de lo que significaba "violencia de género". Nos encontramos con bastantes niños y niñas que la confundían con violencia a secas, con violencia racista o incluso con maltrato animal.
Afortunadamente fuimos capaces de hacer que comprendieran el concepto y que analizaran ciertos aspectos de su vida cotidiana tanto en la escuela como en la calle y en casa, dándose cuenta, en muchos casos, de que sí eran testigos de violencia machista.
Sólo hubo una clase, en la que la profesora se marchó y nos dejó a nosotros "al mando", que fue un absoluto fracaso. Sólo consiguieron sacar algo en claro las tres o cuatro únicas niñas de la clase, que eran quienes estaban un poco por la labor. El resto se quedó como estaba, y eso es lo que más me pesa todavía hoy. No tenían idea de nada de lo que estábamos hablando, no entendían nuestras preguntas, no comprendían nuestros conceptos y, pese a ser niños de nueve o diez años, todo lo que hicieron durante el "debate" fue repetir como loros y a voz en grito estereotipos patriarcales de los que estaban fuertemente convencidos. Los cincuenta y cinco minutos de clase no fueron suficientes para que entendieran casi nada, y eso me dolió un montón, porque eran niños y no creo que hubiese maldad en ellos, tan sólo repetían lo que traían aprendido.
En fin, en general puedo decir que fue una experiencia buena tanto para mí como para mi compañero y como para los niños y niñas con los que estuvimos. Espero hacer un mejor trabajo si se me vuelve a presentar una oportunidad así.
Ah, y feliz solsticio de invierno.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cosas que contar

Llevo ya más de un mes sin publicar, pero no ha sido por pereza ni por falta de cosas que contar. Simplemente no he tenido tiempo, ni para escribir ni para pensar qué escribir.
Hace poco -once días- fue mi decimoséptimo cumpleaños. Cómo lo celebré o qué me regalaron son cuestiones que carecen de importancia, pero sí que fue un buen fin de semana de cuatro días, sobretodo si tenemos en cuenta que Lindemann estrenó vídeo nuevo el día anterior, lo cual fue para mí como un "regalo indirecto".


Últimamente la mayor parte de mi tiempo la ha ocupado el instituto (como tiene que ser). Precisamente entre ayer y hoy leí el primer libro de lectura del que nos van a examinar este trimestre, en la maravillosa asignatura de Literatura Universal: Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Este (lo peor que nos pudo hacer la RAE fue privarnos de las preciosas tildes de los pronombres demostrativos), Un mundo feliz, de Aldous Huxley y 1984, de George Orwell, constituyen los tres principales clásicos distópicos de la ciencia ficción.

Yo no soy precisamente una fanática de la ciencia ficción, de hecho reconozco que es un género que no sé apreciar. Sin embargo, esta novela me resultó particularmente interesante, y es una de esas obras que recomiendo leer.

Fahrenheit 451 -esa es la temperatura a la que arde el papel- presenta una sociedad dominada por la tecnología y por la simplicidad; un mundo en que los bomberos queman libros en vez de apagar fuegos, en el que pensar está mal visto y en el que la violencia está por encima de la empatía (casi como ahora).

Y ese tema en concreto (el de una sociedad orgullosa de su ignorancia, que menosprecia la cultura y el pensamiento, que carece de empatía con todo lo que la rodea -exceptuando los televisores-, que vota a los políticos en función de su aspecto, etc.), por irónico que pueda parecer, me hace sentir que no estoy sola en el mundo, que hay más gente por ahí que también es consciente del peligro que corre nuestra sociedad actual de llegar a ser así, si es que aún no lo es.

Cambiando de tema, no, no tengo ninguna mochila de R+, pero próximamente es muy posible (no puedo prometer nada) que consiga una camiseta de Lindemann. Retomando el segundo párrafo, el vídeo de "Fish On" fue una agradable sorpresa para mí, aunque es bastante probable que una blanca neblina de adoración anule gradualmente mi capacidad de crítica en lo que respecta a este hombre.

La verdad es que el día del estreno del vídeo yo estaba emocionada y atemorizada al mismo tiempo. Atemorizada porque ya conocía la letra de la canción, y sabía que el vídeo podía hundirme, tirar todo mi amor por el suelo y hacer que me odiara a mí misma por haber sido una estúpida cegada por un ideal irreal fruto del fanatismo adolescente.

Cuando empecé a ver el vídeo creí que había acertado en mis sospechas, que lo mejor sería quitarlo antes de sentirme profundamente dolida y decepcionada, pero me obligué a mí misma a verlo, a no precipitarme por si acaso el vídeo cambiaba, y a ser fuerte y poder enfrentarme a la realidad con resignación.

Por casualidades de la vida, resultó que el vídeo no era tan horrible como parecía, lo cual fue una alegría tremenda para mí. Y cuando terminé de verlo, salí disparada de mi habitación, casi saltando de felicidad, y fui a enseñarle el vídeo a mi madre, por si acaso la neblina de la que hablaba antes había tergiversado mis pensamientos. Afortunadamente, puedo retrasar un poco más el momento de madurar... Quizá después del concierto de R+ en 2017, según cómo vaya todo.