domingo, 8 de abril de 2018

Inercia fangirl autodestructiva

Uno de mis mayores hobbies es rallarme (sí, como el queso) dándole vueltas a diversos aspectos de mí misma o de mi entorno, aunque generalmente lo primero, para intentar encontrar las raíces de mi forma de ser o hallar un por qué en mi comportamiento. Casi nunca doy con las respuestas y, en vez de eso,
aparecen más incógnitas.
Llevo ya bastante tiempo reflexionando acerca de mi preferencia (en la ficción) por personajes totalmente contrarios a lo que soy y lo que defiendo. Hasta donde alcanza mi memoria, siempre ha sido así. Aun hoy sucede y, aunque solía hacerme gracia, ahora me preocupa.
Nota: me sigo riendo.

Junto a este hábito de «empatizar» con la mala gente está el de aborrecer al protagonista, casi siempre masculino, que se supone que es por norma general el personaje con el que tenemos que identificarnos y/o admirar. Este segundo hábito no me parece erróneo, sin embargo.


No me estoy refiriendo al universo Disney, donde es muy fácil coger cariño a villanos como Úrsula, Hades o Jafar, sino a otro tipo de personaje más cercano a la realidad. Por ejemplo, en The Walking Dead. Este es un buen ejemplo porque no hay un límite claro como lo hay entre Harry Potter y Voldemort o entre Batman y Bane (sí, soy #TeamVoldemort y #TeamBane), sino que hay vivos y muertos y los vivos se montan el tinglado como les parece.

Jeffrey Dean Morgan (Negan)
En TWD, desde la primera vez que apareció hasta que murió (jaja spoiler), mi personaje favorito fue Merle Dixon. Quien haya visto la serie sabrá que Merle (un supremacista blanco agresivo y no demasiado cooperador) no era precisamente un amor de persona. El lugar de Merle lo ocupó después el sargento Abraham con su tupé y su bigote pelirrojos que, aunque tenía sus cosas, era buen tío, hasta que llegó mi actual personaje favorito con un bate de béisbol envuelto de alambre y le quitó el sitio a golpes. Ese es el ejemplo más claro: Negan, un idiota con un bate y una sonrisa encantadora que se hizo el amo del mundo, o casi, sirviéndose del miedo. Un asesino en toda regla que además viola mujeres. En esa misma línea está Sir Gregor Clegane «La Montaña», de Juego de Tronos.

He de decir también que estos dos son un caso extremo - Merle no -, ya que normalmente me limito a los genocidas animados como Reiner y Bertolt de Attack on Titan. Niños adoctrinados, coaccionados y utilizados como arma militar que no son conscientes de lo que realmente han hecho hasta que ya es demasiado tarde pero, aun así, culpables.

El caso es que, después de analizar la retahíla de personajes grandes, atractivos, inexistentes, malvados en mayor o menor grado y, en su mayoría, rubios y con nombres terminados en -er (Krauser, Lester, Reiner, Seifer, Wesker), llegué a la conclusión de que no tenía por qué ser dañino tener feels por los bad boys ficticios - paso demasiado tiempo en internet - si era capaz de reconocer y evitar a los GGMM (Gilip*llas Macizos) en la vida real.
Nota: no es muy difícil; suelen escribir con muchas faltas y critican a/se ríen de las «feminazis».
Ah, y son guapos, que feos los hay también, y más.
(Estoy esperando que alguien venga a criticarme porque cuando esta distinción la hacen ellos me quejo).

Luego empecé a jugar al Fallout 4 y, en mi empeño por tener un romance gay con este imbécil... 



...me uní a la Hermandad del Acero (porque en este juego, al igual que en TWD, no hay un límite claro y puedes agruparte con cualquier facción de las que no te acribillan a disparos en cuanto te ven, que son pocas, en base a la ética que quieras seguir... o, como en mi caso, con qué muñequito/a quieras intimar). La Hermandad del Acero la lleva este otro imbécil...


..., el maestre Maxson, que es un GM en toda regla (solo hay que oír su discurso de presentación) y se parece a mis últimos posibles ligues (uno de ellos ya no lo es porque, después de romper el hielo con una pregunta sobre hipopótamos, me dijo que le daba asco Rammstein).

Después de este tropezón (entiéndase como se quiera), llegué a una conclusión nueva y es que, por mi propia seguridad, es mejor que renuncie a los hombres y me limite a las mujeres (perdón por la binariedad) o que, directamente, me resigne a vivir y morir sola. Eso sí, con unos cuantos pósteres de Maxson y Krauser/Lester/Reiner/Wesker en la pared.


Me gustaría hacer una lista, aunque fuera orientativa, de mis GGMM ficticios, pero no me sé el nombre de la mitad. Lo que sí puedo y voy a hacer es dividir a los más importantes en dos categorías.

CRUSHES DE INFANCIA:
  • Draco Malfoy (Harry Potter)
  • Seifer (FFVIII)
  • General Blue (Dragon Ball)
  • Albert Wesker (Resident Evil)
  • Jack Krauser (Resident Evil)
CINTURONES DE CASTIDAD INTANGIBLES:
  • Till Lindemann - uy, perdón, este sí es real y tangible.
  • Merle Dixon (The Walking Dead)
  • Negan (The Walking Dead)
  • Gregor Clegane (Juego de Tronos)
  • Ramsey Bolton (Juego de Tronos)
  • Yuri -  no voy a decir de dónde porque no quiero que nadie lo busque.
  • Reiner Braun (SNK) - esto es un dibujo animado.
  • Arthur Maxson (Fallout 4) - él tiene trato especial porque es nuevo.
Pero eso, que siempre es mejor que mi mal gusto se limite a la ficción, porque si aplico el mismo filtro a la vida real no voy a acabar bien.

sábado, 17 de marzo de 2018

Veni, vidi, vici

Contra todo pronóstico, me ha gustado Roma. Más lo ha hecho Florencia, a pesar de que solo pasé un día - y ninguna noche - allí. Me hubiese agradado poder visitar una catedral gótica propiamente dicha, y no solo el remanente de algunas catedrales mixtas, pero la verdad es que la arquitectura italiana, al menos lo que yo he visto, es una maravilla.

Puesta de sol en Roma.

Llegué a Roma el viernes por la mañana, después de dos horas en un autobús que cogí a las 3.00am y tres o cuatro en el avión, donde dormí apenas una hora escasa - y fue todo lo que descansé esa noche - y, tras dejar las maletas en el hotel, nos fuimos a caminar y subir escaleras con la guía turística hasta las 7.00pm, que volvimos al hotel a pie. Dieciséis horas de trote más lo que tardamos en llegar.

La rutina fue más o menos la misma el resto de días - salvo porque (algunas) dormíamos un poco por la noche -, con la excepción de uno en que la lluvia nos cogió por sorpresa y volvimos al hotel sobre las cinco. Aquel día estábamos a 18ºC con cielo despejado, en el tiempo anunciaban chubascos y lo que nos cayó encima fue el diluvio universal.

Un señor árabe apareció vendiendo paraguas mientras nosotros nos refugiábamos en las hornacinas del Complesso del Vittoriano (donde estaba la exposición de Monet en la que nuestra profesora pretendía que entráramos pagando la entrada de nuestro bolsillo sin avisarnos primero) y trató de venderme uno pequeño por cinco euros. Yo tenía que controlar bien lo que gastaba y necesitaba dinero para coger el metro más tarde (que también tuvimos que pagar de nuestro bolsillo sin que nadie nos dijera nada), así que le dije que no se lo compraba por más de dos. Él dijo tres y no dio el brazo a torcer, así que lo pagué conjuntamente con otra compañera porque lo necesitábamos.

Más tarde ella consiguió otro paraguas y yo me quedé con ese. Uno o dos días después el resto del grupo compró también y yo conseguí intercambiar el mío, negro, con el arcoíris de otro compañero. Se me rompió ese mismo día.

El hotel, cuyo nombre no voy a mencionar, era de 3 estrellas y tenía la ventaja de estar justo enfrente de la estación de Termini. Dormíamos agrupados en ocho habitaciones de tres y dos de cuatro en el segundo piso. Las habitaciones - al menos las de tres - eran originalmente individuales, pero lo remediaron metiendo con calzador otra cama y disfrazando un diván para que funcionase como otra más.

En nuestra habitación, en la pared, sobre las dos camas adicionales, había dos apliques con la pantalla muy sucia. Uno de ellos - no el mío - estaba muy suelto y podía caerse en cualquier momento. Las sábanas bajeras, blancas, estaban manchadas en los bordes y mi edredón tenía agujeros por quemadura y por roído. También estaba roído el borde de la puerta del armarito que guardaba la mininevera. En el armario grande, el de la ropa, había dos mantas de aspecto sospechoso que no tocamos. Las cortinas también estaban sucias y la ventana no cerraba bien. La alarma de incendios estaba envuelta en plástico; la razón no la sé.

En el baño adyacente, la bañera tenía pegados restos humanos que no salían con el agua a presión, el bidé estaba sucio y la tubería del lavabo se soltó el segundo o tercer día, por lo que tuvimos que pasar sin él y utilizar grifos alternativos para lavarnos manos, cara y dientes. No avisamos en recepción por miedo a que nos echaran a nosotras la culpa.

El desayuno, en cambio, era maravilloso y bastaba para aguantar casi todo el día solo con él. Ahora que estoy en casa, echo en falta el mocaccino doble acompañado de bizcocho de chocolate y cruasanes con nutella. Los zumos no eran gran cosa, pero el de piña sabía a piña (a diferencia del de naranja, que sabía a Frenadol).


Me siento orgullosa de poder decir que estando en Italia, aparte de haber visitado numerosas galerías, museos y catedrales y de haber visto en persona obras de arte que algunos solo pueden ver en foto, he podido probar la pizza Margarita, el spaghetti alla Carbonara, la lasagna al forno y el gelato de Panna Cotta. Del capuccino no puedo decir mucho porque tenía prisa y me quemé la lengua con él.

También me siento orgullosa de poder decir que entré en el Vaticano sin sujetador, en mi segundo día de regla y con una camiseta de Rammstein, con los que tuvieron problemas a finales del siglo pasado. Sin embargo, al personal del Vaticano le importó más el que dos de las chicas llevasen una falda "demasiado corta" - medio muslo - y las hicieron atarse fulares y pareos alrededor de la cintura para poder entrar en la basílica de San Pedro.

Vista desde un puente tras salir del Vaticano.

En Florencia, después de haber sucumbido a un gofre con chocolate de 3,50€, mientras todo el grupo estaba arremolinado en torno a una fuente con una estatua de un jabalí, frotándole el morro y tirando allí su dinero - desde un céntimo a cincuenta -, yo me giré hacia un puesto de camisetas que había a nuestra espalda. Por una ley intrínseca de mi cerebro busqué a Rammstein al ver camisetas de Nirvana y Green Day y, vaya una coincidencia, lo encontré. Además era un modelo que yo no tenía. "Es un artículo de primera necesidad", me dije, "solo tienes cinco. ¿Quién necesita comer?", y sin dudarlo un segundo me dirigí allí para preguntar el precio al señor del tenderete. Fue más o menos así:

Ángela: (en castellano) ¿Cuánto cuesta la de Rammstein?
Señor: (en italiano) Scusi?
Ángela: (en alemán) RAMMSTEIN.
Señor: (en castellano) Esas cuestan todas quince euros. 

Aclaro: la primera vez lo dije con la pronunciación castellanizada [Rámstein] en vez de la alemana [Ramshtain], que fue lo que él, al parecer, no entendió. Me hizo gracia acertar al pensar que había sido eso lo que no había comprendido, en vez de mi pregunta en castellano. 

Tras obtener la información que quería volví a dar media vuelta, gofre en mano, y le pedí a una amiga que me lo sujetara. Saqué la cartera, me giré de nuevo y comprobé que, efectivamente, el castellano no había sido el problema.

Señor: (en castellano) ¿Es para ti? ¿Qué talla?
Ángela: (en castellano) La S... o la XS, si hay.
Señor: (en castellano) No, es la S. (Saca la camiseta) Mira, así es por delante (le da la vuelta) y así por detrás. ¿Vale? 

(Estoy pensando ahora que no tiene mucho sentido aclarar en qué idioma lo dijimos si lo estoy escribiendo ya así, pero mejor que quede claro a que se pierda parte de la información.)
Florencia.

Si algo comprobé en seis días que pasé allí es que, en ciudades turísticas, saber idiomas es casi totalmente innecesario. En Roma y Florencia todo el mundo - excepto los turistas - me entendió y respondió en español. De hecho, hubo un momento muy gracioso en Florencia: yo estaba esperando por unas amigas que a su vez estaban esperando en una cola. Una chica se me acercó y me preguntó en inglés en qué cola estaba esperando yo (había cuatro). Sin pensar, le contesté en castellano y al darme cuenta se lo repetí en inglés; la chica me respondió en castellano: era española. Resulta un poco triste viajar al extranjero y que las únicas personas con las que hablas en otro idioma de los que has aprendido para justamente eso sean de tu misma nacionalidad.

Otra cosa que comprobé al salir del país es que todo el mundo es guapo fuera de España. En especial la Aeronautica Militare o, como los rebautizó una de mis compañeras de habitación, los "strippers navales". La chica del asiento de enfrente en el tren de vuelta de Florencia coincidió conmigo: "aquí todos son guapos", dijo, "los italianos, las italianas, los guiris, las guiras...".


Y bueno, en resumen, lo que tengo que decir acerca de mi viaje a Italia en calidad de estudiante de Historia del Arte es: Miguel Ángel, gracias por haber existido 💖.

'David' en la Galleria dell'Accademia (Florencia).



miércoles, 28 de febrero de 2018

Breve puesta al día

En poco más de una semana estaré en Roma (yuju), corriendo por las calles con mis compañeras detrás de la profesora de Arte para poder llegar a tiempo a todos los sitios que tenemos que visitar y esperando horas en colas una vez lleguemos, sin apenas haber dormido y sobreviviendo gracias al desayuno pago del hotel.

Solo tengo dos razones para ir: Miguel Ángel y aprovechar cada mínima oportunidad para salir del país - aunque en realidad me llega con salir de la comarca, porque si de mí dependiera no elegiría Italia como destino turístico. Sí, ya sé que a todo el mundo le encanta el país - y el idioma, que a mí no me gusta nada - pero no es mi caso. Quizá debería haber esperado un poco y haberme apuntado a la excursión a París de los de Francés, que van a visitar catedrales góticas (mis obras arquitectónicas favoritas), pero ya es demasiado tarde. Me queda el consuelo de poder ver en persona el 'David' de 4'35 metros de Miguel Ángel, la maravilla de las maravillas, pero el problema es qué vamos a hacer los cuatro días restantes.

Amadeo I
Roma aparte, mañana tengo un examen de Historia de España, la asignatura más #!€%$@ habida y por haber (de las troncales, porque Fundamentos de Administración y Gestión también tiene lo suyo), y creo que debería ir empezando a hacer las invitaciones para mi funeral, que seguro que tienen más éxito que las de cumpleaños en primaria. Ni siquiera sé si he aprobado la recuperación de la primera evaluación - lo cual necesitaba para que mi 5 condicional fuese un 5 hecho y derecho - y no espero sacar más de un 5 raspado en el de mañana (si es que llego). A diferencia del examen anterior, esta vez no está Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II de Italia y Rey de España durante dos años de vergüenza ajena, para salvarme de mi ignorancia. La dictadura de Primo de Rivera siempre se las arregla para escaparse de mi memoria, pero sinceramente espero que la Segunda República, la guerra civil y el régimen franquista me sirvan para sacar a flote la asignatura. Echo de menos Historia del Mundo Contemporáneo de 1ºBAC, con su Revolución Rusa de 1917, Stalin y la Segunda Guerra Mundial, aunque en aquel momento tampoco supe valorarla.

SPOILER: siempre tuve muy claro lo que iba a hacer en cuanto terminara el instituto, pero ahora no tengo ni idea de qué quiero hacer con mi vida. Digo a todo el mundo que voy a estudiar Traducción e Interpretación, pero solo por decir algo, así que supongo que acabaré de rebote en la facultad de Filosofía.


viernes, 29 de diciembre de 2017

Spring


El hombre quiere bajar del puente.
La gente empieza a odiar.
Forman una multitud densa
y no quieren dejarlo bajar,
así que él sube de nuevo
y la muchedumbre se pone histérica.
Quieren sus entrañas
y gritan:

"Salta,
salta."

[...]
Redímeme,
salta,
no me decepciones,
salta para mí,
salta hacia la luz.
Salta.

Ahora el hombre empieza a llorar.
Una nube se mueve con disimulo
preguntándose "¿qué he hecho?".
Ante el sol hace frío.
"Yo solo quería admirar la vista."
La gente rompe filas,
mira el cielo del atardecer
y grita:

"Salta,
salta."

'Spring'. RAMMSTEIN.


Me alegra comunicar que he sobrevivido al primer trimestre, con unos resultados suficientemente buenos como para que no me castiguen en casa y suficientemente bajos como para que los profesores que no me conocen de años anteriores se preocupen.

Resulta que el mundo no es tan horrible como me parecía el mes pasado, aunque sigo creyendo que nuestra vida está sobrevalorada. 

Este último mes he tenido que enfrentarme a unas perspectivas horribles (y no hablo de la cónica) como la de suspender Fundamentos de Administración y Gestión (cosa que no pasó y no preguntéis por qué estoy estudiando eso en Humanidades puras), la de relacionarme con completas desconocidas para una causa mayor (al final estuvo bien) y la de que el supuesto amor de mi vida (Till Lindemann no, el otro) tenga novio, algo que tendría que pasar tarde o temprano, y mi estrés está por las nubes, o lo estaba hace una semana.

Ahora mismo mi ánimo está bastante bien. Estoy dedicando estas raquíticas vacaciones a poner al día mis proyectos literarios - de una forma increíblemente productiva para ser yo - y a alegrar el día a día con unos chistes horriblemente malos que han hecho creer a mi hermano que me alcoholizo por las mañanas.

Sin embargo, como leí el otro día en Tumblr, volver a clase después de un descanso es como pausar el juego para ir al baño y, al volver, haber olvidado lo intenso y caótico que era todo y, cuando reanudas la partida, todos los enemigos te pegan en la cara a la vez. Así que estas dos semanas de relax no son más que una mentira.


domingo, 5 de noviembre de 2017

Solo necesito un motivo

No sé en qué estaba pensando cuando di por hecho que podría compaginar el segundo año de Alemán con el Bachillerato. En realidad ni siquiera sé por qué estoy estudiando Alemán, ni por qué voy a terminar el Bachillerato. Probablemente haya un montón de buenas razones, y lógicas, pero yo no estoy segura de que ninguna me sirva.

No sé adónde voy, para qué me levanto cada mañana y voy a clase para poder ir a la universidad y que me den un título, para después conseguir un trabajo - si me lo dan - y seguir viviendo día tras otro porque sí, porque eso es lo que se supone que tenemos que hacer una vez estamos aquí, en el mundo, en la vida a la que nos trajeron sin preguntarnos antes si queríamos cargar con esa responsabilidad, aunque tampoco es como si hubieran podido hacerlo.

Llegas al mundo y vives, te guste o no, en la época y el lugar en el que te ha tocado vivir, hasta que de alguna forma consigues los medios para moverte a otro que también puede gustarte o no.

Al igual que todo lo demás, hay gente con más y menos facilidad, a la que le gusta y a la que no, y personas a las que no les importa apechugar. Yo quiero vivir, creo, pero no encuentro ninguna razón lo suficientemente buena para que me valga la pena hacerlo. 

Extraño aquel tiempo en el que tenía energía, ganas de hacer cosas, metas en la vida, objetivos, y en el que era capaz de disfrutar las fiestas, los cumpleaños, las vacaciones y a la gente. Era inconsciente y todas las cosas que ignoraba me permitían ser más o menos feliz. A medida que fui creciendo y aprendiendo, eso fue desapareciendo poco a poco. Empecé a darme cuenta de las cosas, a ser consciente de la realidad, y de que estaba sola. Cuando estás sola, eres presa fácil, y el instituto es un sitio hostil.

No sé en qué momento empezó a darme miedo salir de casa, en qué momento empecé a sentirme tonta cuando hablaba con alguien. Pasé de simplemente ser callada a tener miedo de hablar, y al final acabé teniendo miedo de ser percibida porque la interacción social implicaba vergüenza, incomodidad y dolor. 

Boquear bobamente y tartamudear delante de la panadera porque por culpa de la inseguridad no te sale la voz o no sabes cómo construir una simple frase en tu cabeza tampoco ayuda a seguir adelante.

Tengo un dolor de cabeza y pecho permanente, y me mareo ante el mínimo esfuerzo, y el esfuerzo que tengo que hacer para ir cada día al instituto este último año no es precisamente mínimo. Me paso la mañana mareada, cansada y dolorida, y me escuecen los ojos al contener las lágrimas al verme rodeada de gente en las entradas y las salidas.

Ni siquiera hace falta ya que mis compañerxs se comporten conmigo de mala manera, de hecho este año todo el mundo es muy majo, pero el simple hecho de estar allí me produce un malestar terrible, y esa es solo una parte de la angustia que me consume por dentro.

Imagen del vídeo oficial de "Luna" (Moonspell).
Tengo solo diecinueve años, cumplidos el mes pasado, y el simple hecho de pensar que me queda como mínimo medio siglo por delante hace que me eche a llorar. Me han dicho que los malos sentimientos desaparecen con el tiempo, pero los míos se agravan cada día desde hace ya demasiado, hasta el punto que siendo más pequeña me sentí lo suficientemente mal como para plantearme el dejar de existir y aún hoy sigo dándole vueltas a la idea.

La ficción y otras pequeñas cosas irrelevantes me permiten tener la cabeza en otra parte, lejos de la agonía de la realidad, pero no se puede vivir eternamente en un mundo paralelo, y en el momento en que mi cabeza vuelve lo hacen también las ganas de llorar.

Necesito ayuda, pero hace mucho tiempo que me cerré al mundo exterior y tiré la llave, y no soy capaz de pedirla. Se me han presentado ya muchas oportunidades, pero o me quedo callada mirando al frente, sin voz ni fuerza para despegar los labios, o sonrío y digo que estoy bien aunque sea mentira.

Me ha llevado casi un mes entero ordenar esto en mi cabeza y un par de semanas decidirme a publicarlo.

Quiero salir adelante, pero no soy capaz de hablar con nadie y detesto tener que depender de otras personas cuando no hay nadie en mi vida que no me haya hecho daño.

lunes, 10 de julio de 2017

Ja! Nein! Rammstein!!!

Lo conseguí. Finalmente, después de meses de pánico temiendo que por casualidad del destino y mala suerte algo me lo impidiese, este último viernes he conseguido ver a Rammstein en directo. No sólo en directo, sino también bastante cerca del escenario, cosa por la que me siento muy agradecida.

El maravilloso escenario (foto mía).
Todavía me cuesta creer que haya pasado de verdad, que haya sido capaz de reconocer la espalda de Till Lindemann a trescientos metros (aproximadamente) de distancia (y sin gafas) siete horas antes del concierto.

Tres cuartos de hora antes de empezar todo el mundo estaba allí. El escenario montado, el telón echado y la emoción flotando en el aire. Todavía quedaba esperar, pero yo no había conseguido aún un sitio y me aterraba tener que verlo desde atrás. Por suerte me las apañé para hacerme hueco entre las "filas" del principio. Creía que el aturdimiento podría conmigo, pero entonces se encendieron los focos. Todavía faltaba media hora. El tiempo pasaba muy despacio, y solo habían transcurrido cinco minutos - que para mí habían sido una eternidad - cuando se movieron hacia arriba. En mi vida había estado tan nerviosa. Entonces se oyó una guitarra y yo fui consciente de lo que estaba pasando. Llevaba todo el día como público de un montón de grupos distintos, pero era ese por el que llevaba años esperando.


No tengo palabras para expresar la satisfactoria sensación de felicidad que me recorría las venas en aquel momento. Casi me quedé sin voz cantando a coro las letras completas de las canciones con el resto del público, con el mismo brío que cuando estoy yo sola en mi casa. Más de una vez me quedé sin aliento al poder contemplar con mis propios ojos el impresionante y característico espectáculo que sólo había visto en vídeos de otros conciertos. Sentí el calor del fuego en la cara (y en los hombros, los brazos y el pecho) y quise llorar y gritar, pero no pude porque estaba anonadada. Las luces me hipnotizaban, el sonido me retumbaba en el pecho, y yo sólo podía echarme las manos a la cabeza porque no daba crédito a lo que estaba viviendo.

Estaba cansada, aturdida y mareada, pero eufórica, y no quería que se acabase. Con el primer bis tuve la oportunidad de avanzar y de llegar hasta la segunda fila, donde pude disfrutar todavía más del fuego, las explosiones y el confeti.

SETLIST:
RAMM 4
REISE, REISE
HALLELUJAH
ZERSTÖREN
KEINE LUST
FEUER FREI!
SEEMANN
ICH TU DIR WEH
DU RIECHST SO GUT
MEIN HERZ BRENNT
LINKS 2-3-4
ICH WILL
DU HAST

STRIPPED (Depeche Mode cover)
SONNE
AMERIKA
ENGEL

TE QUIERO PUTA


Esta ha sido sin duda una de las mejores - si no la mejor de todas - experiencias de mi por ahora corta vida (y quiero repetirla una y otra y otra vez) y le doy las gracias a la organización del Resurrection Fest, y a los propios Rammstein, por haberlos traído hasta mí y por haberme dado la oportunidad de poder decir: "YO ESTUVE AHÍ".













[Con respecto al segundo bis (Te quiero puta), porque estoy muy enamorada de Rammstein pero no me voy a quedar callada:

«El público abandonaba el Main Stage tras ver este auténtico y colosal show, pero una voz detuvo a la gente: “¿Queréis más? ¿Quierro más?”. La voz de Till Lindemann creó confusión entre los seguidores de la banda porque no podían creerlo, llegaba el momento que tantas veces habían pedido y efectivamente, “Te quiero puta” sonó por todo lo alto por primera vez en un concierto en España ante el aplauso descontrolado del recinto.»,
Juanma García (RAFABASA.COM)

Hace tres años me enfadé con ellos (cosa que dudo les importara mucho), en especial con el cantante (Querido Sr. Lindemann), por su comportamiento durante esta misma canción en un concierto de 2010 en Santiago de Chile. En el momento en que empezaron a tocarla allí, delante de mí, atrapada en aquella ufana masa de gente, tuve miedo de que aquella escena que tanto asco me había dado se repitiese. No quería llevarme tal decepción después de la noche maravillosa que me habían dado.

Como es deducible por lo previamente dicho, tal escena no se repitió. De hecho, Till Lindemann dejó que la cantase el público y él se limitó a corear el estribillo. No sólo no estoy enfadada porque no quiero estar enfadada, no lo estoy porque a mi entender no hicieron nada lo suficientemente excesivo como para enfadarme.]




P.D.: saqué un 10 en Alemán.

jueves, 4 de mayo de 2017

Soy una fruta entera

No existen las medias naranjas. A no ser que cortes una por la mitad o que tus medias sean de ese color, pero me refiero a que no hay nadie destinado a amarnos. 

El amor romántico es una de las formas de dominación más antiguas y socialmente aceptadas - incluso apreciadas por las oprimidas - que hay. Como feminista, mis ideas son incompatibles con esta doctrina. Pero no nacemos libres y no nos volvemos la perfecta personificación de lo que buscamos conseguir en el primer momento en que nos declaramos feministas. Aprendemos a vivir en el sistema heteropatriarcal desde la infancia, y cuando nos damos cuenta de que algo falla, no estamos percibiendo TODO lo que falla, porque se supone que es "lo normal".

Es difícil distinguir al principio qué aspectos del "amor" son bonitos y cuáles no. Lo más preocupante es que, aunque el amor romántico es una de las construcciones sociales que las feministas denunciamos porque oprime directa e indirectamente a la mujer, este no sólo afecta a las relaciones heterosexuales sino también a las homosexuales.

Cuando yo empecé a establecer vínculos afectivos con otras personas, casi totalmente ajena y desentendida del feminismo, me vi afectada por los crueles y naturalizados aspectos del amor romántico.

Mi primer "novio" (yo tenía catorce años) tenía celos de ABSOLUTAMENTE TODO. Mi mejor amigo, mi mejor amiga, nuestra amiga común, el dependiente de la óptica, personajes ficticios y los perros a los que acariciaba por la calle. Leía mis conversaciones en redes sociales con la chica que más tarde me sacaría del armario y me decía cosas como: "Si te vuelves lesbiana, me suicido" o "Si me dejas, me matas".

Gracias al efecto positivo de esta chica que él temía "me volviese lesbiana" - totalmente contrario al que él me producía, siendo un nini (bueno, un nini quizá no, a veces iba a clase) que invertía la mayor parte de su tiempo en ver series, jugar a videojuegos y estar de fiesta, pero ingeniándoselas aun así para tener más problemas y vacíos existenciales que yo - conseguí recuperarme un poco del bajón emocional y de autoestima por el que estaba pasando y me di cuenta de que mi relación con aquel individuo no me resultaba beneficiosa - ¡no! ¿en serio? - sino perjudicial, y me propuse terminarla. 

Las cosas no salieron exactamente como yo las había planeado y las circunstancias que rodean nuestra ruptura son tan tontas y patéticas y me dan tanta vergüenza que voy a pasar de dar ningún detalle al respecto.

Mi relación con esta chica mejoró después de eso y fue con ella con quien me di cuenta de que no era heterosexual como había creído durante toda mi vida hasta ese momento. Empezamos a salir medio formalmente y yo me convertí en lo que había sido mi novio. Yo la quería - aún la quiero - y estaba firmemente convencida de que mi comportamiento reflejaba el amor que le profesaba. No vi que ser celosa y posesiva no era bonito hasta que ella me lo dijo.

Obviamente nuestra relación se acabó - principalmente por mi culpa -, aunque me siento muy orgullosa y agradecida de poder decir que seguimos llevándonos bien. De hecho, creo que es una de las personas que más aprecio y de las pocas que no soportaría perder.

©Kaethe Butcher
Ella, que me abrió los ojos más de una vez, fue el empujón que necesitaba para aprender a detectar y evitar el amor romántico. Gracias a ella pude librarme de relaciones tóxicas posteriores y de resultar tóxica para otras personas.

No es mi media naranja. Nadie lo es. Para compartir tu vida con una persona no hace falta que sea "LA" persona. Sólo tiene que ser alguien que no represente un problema y que aporte algo bueno a tu vida. ¿Que no? Siempre puedes querer a otra(s) persona(s) sin establecer un vínculo sentimental. 

Yo di un portazo al salir, y enseguida quise volver a entrar. Ella me dejó sin decir nada y me senté en silencio en un rincón. Me tolera, y yo puedo salir cuando quiera. Estamos ahí, la una para la otra, cuando nos necesitamos. Pero no dependemos de nosotras. Compartimos nuestras alegrías y nuestras desgracias cuando y si queremos.

Me gusta estar con ella. Sin atarla, sin molestarla y sin necesitarla.

No es mi media naranja. Es una fruta entera. Y yo también.

sábado, 18 de marzo de 2017

Ser o no ser (feminista), esa es la cuestión

Hablemos de las mujeres feministas que en realidad no lo son. 

Xarna: la Guerrera del Apocalipsis
Todas hemos pasado por eso. Es muy difícil no tener conductas machistas al crecer educadas dentro de una sociedad heteropatriarcal. Después llega un momento en el que empezamos a hacernos preguntas, a aprender cosas y sacar conclusiones, y conseguimos salir, aunque sea poco a poco. Es un hecho que considero normal, ya que todos los cambios necesitan un proceso y no se pasa de ser una princesita desvalida a "Xarna: la Guerrera del Apocalipsis" (véase Tito Yayo) de la noche a la mañana.

El problema, por así decirlo, está en esas personas que llegan por inercia y casi sin interés al borde de la cúpula heteropatriarcal y, en vez de escarbar para pasar por debajo, se pegan al cristal y dicen "ya está, aquí se acaba. Qué progre soy". Personas que ya no cambian de opinión y a las que cuestiones esenciales del feminismo les parecen "exageradas" y "extremistas", pero ellas creen que son feministas (aunque no con ese término, que les parece inadecuado y discriminatorio).

Me duele porque se trata de personas inteligentes, capaces y reivindicativas que se ven afectadas directamente por el patriarcado - he pasado de lo general a lo concreto y estoy hablando de amigas y conocidas mías - pero son reticentes y no acaban de verse representadas por el movimiento feminista actual, muy probablemente debido a vestigios patriarcales muy profundamente arraigados en ellas y/o a una continuada influencia masculina de carácter machirulo o cuñadista.

Comandante Red
Personas que ven la reivindicación de la propia decisión de la mujer sobre su cuerpo y su forma de vestir como un brutal ataque de la caricaturización (popularmente extendida entre los machistas de armario*) de la "feminista fea*²" a la mujer que quiere unirse a la lucha pero "no puede" porque, para su desgracia, encaja en los cánones de belleza impuestos por el patriarcado. Una excusa pobre que busca quedar eximida/o de cualquier tipo de esfuerzo ético o interés mínimo por la lucha feminista pintando a las que sí la ejercen como "engendros infollables y sectarios" que impiden y niegan la entrada con ofensivas violentas y soeces a hombres y mujeres "atractivas, decentes y respetables (que no necesitan agruparse con otras mujeres y colectivos porque ellas mismas pueden conseguir sus derechos sin necesidad de abrir la boquita)" porque en realidad llaman "feminismo" a un movimiento terrorista cuyo fin es la imposición mundial de la fealdad de la mujer. Como el Comandante Red (Dragon Ball), mandamás de Red Ribbon, que quería conseguir las bolas mágicas para que todo el mundo fuese bajito como él.

Personas que ven al hombre blanco cisgénero heterosexual de clase media como víctima cada vez que se habla de ellos en general, que se contraponen a la lucha para darles la razón cada vez que uno de ellos abre la boca para decir: "No todos los hombres", "a los hombres también nos violan", "también hay hombres maltratados", "yo soy hombre y no violo (aplaudidme, por favor)", "sufro heterofobia", "me llamaron hetero cis como insulto"...

Personas que no practican la sororidad y que muy posiblemente no sepan lo que es (otra cosa más que tenemos que agradecerle a la RAE). Que buscan herir la dignidad de la prójima a la menor oportunidad. Que buscan ridiculizar la reivindicación de los derechos de la mujer frivolizándola y parodiándola haciendo de ella algo banal. Que descalifican e invisibilizan el feminismo de forma desdeñosa e incluso cruel.

Y aun así, son mujeres fuertes, inteligentes, supervivientes y luchadoras natas que ven por un ojo lo que no ven por el otro y que en realidad sí son conscientes de que una gran cadena invisible las mantiene pegadas al suelo, pero fingen no darse cuenta por "no declararle la guerra al hombre" y poder disfrutar de una red de amistades libre de géneros e ideologías, por muy incongruente y confuso que parezca.

Y las quiero, porque veo en ellas la verdad que ellas no ven, pero me duele que ellas no lo hagan. Así que supongo que esto es lo que se llama un relación tóxica. O estéril.

En fin, la culpa tampoco es del todo suya. Y aún son jóvenes, así que supongo que todavía tienen tiempo de aprender cosas y sacar conclusiones. Pero me exaspera de una forma agotadora que nos estén explotando, violando, matando y comprando para explotarnos, violarnos y matarnos y que nos crucifiquen cuando protestamos. Que aun así se siga diciendo que son casos aislados y que el patriarcado no existe. Me exaspera necesitar excusas y justificaciones para ser feminista y que mis compañeras prefieran callarse y ser cómplices a pelear por su libertad y la de todas las demás.

Imagen de Rammstein: "Liebe Ist Für Alle Da", que simboliza el patriarcado bastante bien


Gracias por leer. Salud y república.


Vocabulario:
*Machista de armario: persona machista que no quiere admitir que lo es.
Fea: el insulto favorito del machirulo sin argumentos, con el cual descalifica a una mujer dando a entender que no la encuentra atractiva. Uh, qué daño.