lunes, 10 de julio de 2017

Ja! Nein! Rammstein!!!

Lo conseguí. Finalmente, después de meses de pánico temiendo que por casualidad del destino y mala suerte algo me lo impidiese, este último viernes he conseguido ver a Rammstein en directo. No sólo en directo, sino también bastante cerca del escenario, cosa por la que me siento muy agradecida.

El maravilloso escenario (foto mía).
Todavía me cuesta creer que haya pasado de verdad, que haya sido capaz de reconocer la espalda de Till Lindemann a trescientos metros (aproximadamente) de distancia (y sin gafas) siete horas antes del concierto.

Tres cuartos de hora antes de empezar todo el mundo estaba allí. El escenario montado, el telón echado y la emoción flotando en el aire. Todavía quedaba esperar, pero yo no había conseguido aún un sitio y me aterraba tener que verlo desde atrás. Por suerte me las apañé para hacerme hueco entre las "filas" del principio. Creía que el aturdimiento podría conmigo, pero entonces se encendieron los focos. Todavía faltaba media hora. El tiempo pasaba muy despacio, y solo habían transcurrido cinco minutos - que para mí habían sido una eternidad - cuando se movieron hacia arriba. En mi vida había estado tan nerviosa. Entonces se oyó una guitarra y yo fui consciente de lo que estaba pasando. Llevaba todo el día como público de un montón de grupos distintos, pero era ese por el que llevaba años esperando.


No tengo palabras para expresar la satisfactoria sensación de felicidad que me recorría las venas en aquel momento. Casi me quedé sin voz cantando a coro las letras completas de las canciones con el resto del público, con el mismo brío que cuando estoy yo sola en mi casa. Más de una vez me quedé sin aliento al poder contemplar con mis propios ojos el impresionante y característico espectáculo que sólo había visto en vídeos de otros conciertos. Sentí el calor del fuego en la cara (y en los hombros, los brazos y el pecho) y quise llorar y gritar, pero no pude porque estaba anonadada. Las luces me hipnotizaban, el sonido me retumbaba en el pecho, y yo sólo podía echarme las manos a la cabeza porque no daba crédito a lo que estaba viviendo.

Estaba cansada, aturdida y mareada, pero eufórica, y no quería que se acabase. Con el primer bis tuve la oportunidad de avanzar y de llegar hasta la segunda fila, donde pude disfrutar todavía más del fuego, las explosiones y el confeti.

SETLIST:
RAMM 4
REISE, REISE
HALLELUJAH
ZERSTÖREN
KEINE LUST
FEUER FREI!
SEEMANN
ICH TU DIR WEH
DU RIECHST SO GUT
MEIN HERZ BRENNT
LINKS 2-3-4
ICH WILL
DU HAST

STRIPPED (Depeche Mode cover)
SONNE
AMERIKA
ENGEL

TE QUIERO PUTA


Esta ha sido sin duda una de las mejores - si no la mejor de todas - experiencias de mi por ahora corta vida (y quiero repetirla una y otra y otra vez) y le doy las gracias a la organización del Resurrection Fest, y a los propios Rammstein, por haberlos traído hasta mí y por haberme dado la oportunidad de poder decir: "YO ESTUVE AHÍ".













[Con respecto al segundo bis (Te quiero puta), porque estoy muy enamorada de Rammstein pero no me voy a quedar callada:

«El público abandonaba el Main Stage tras ver este auténtico y colosal show, pero una voz detuvo a la gente: “¿Queréis más? ¿Quierro más?”. La voz de Till Lindemann creó confusión entre los seguidores de la banda porque no podían creerlo, llegaba el momento que tantas veces habían pedido y efectivamente, “Te quiero puta” sonó por todo lo alto por primera vez en un concierto en España ante el aplauso descontrolado del recinto.»,
Juanma García (RAFABASA.COM)

Hace tres años me enfadé con ellos (cosa que dudo les importara mucho), en especial con el cantante (Querido Sr. Lindemann), por su comportamiento durante esta misma canción en un concierto de 2010 en Santiago de Chile. En el momento en que empezaron a tocarla allí, delante de mí, atrapada en aquella ufana masa de gente, tuve miedo de que aquella escena que tanto asco me había dado se repitiese. No quería llevarme tal decepción después de la noche maravillosa que me habían dado.

Como es deducible por lo previamente dicho, tal escena no se repitió. De hecho, Till Lindemann dejó que la cantase el público y él se limitó a corear el estribillo. No sólo no estoy enfadada porque no quiero estar enfadada, no lo estoy porque a mi entender no hicieron nada lo suficientemente excesivo como para enfadarme.]




P.D.: saqué un 10 en Alemán.
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