jueves, 4 de mayo de 2017

Soy una fruta entera

No existen las medias naranjas. A no ser que cortes una por la mitad o que tus medias sean de ese color, pero me refiero a que no hay nadie destinado a amarnos. 

El amor romántico es una de las formas de dominación más antiguas y socialmente aceptadas - incluso apreciadas por las oprimidas - que hay. Como feminista, mis ideas son incompatibles con esta doctrina. Pero no nacemos libres y no nos volvemos la perfecta personificación de lo que buscamos conseguir en el primer momento en que nos declaramos feministas. Aprendemos a vivir en el sistema heteropatriarcal desde la infancia, y cuando nos damos cuenta de que algo falla, no estamos percibiendo TODO lo que falla, porque se supone que es "lo normal".

Es difícil distinguir al principio qué aspectos del "amor" son bonitos y cuáles no. Lo más preocupante es que, aunque el amor romántico es una de las construcciones sociales que las feministas denunciamos porque oprime directa e indirectamente a la mujer, este no sólo afecta a las relaciones heterosexuales sino también a las homosexuales.

Cuando yo empecé a establecer vínculos afectivos con otras personas, casi totalmente ajena y desentendida del feminismo, me vi afectada por los crueles y naturalizados aspectos del amor romántico.

Mi primer "novio" (yo tenía catorce años) tenía celos de ABSOLUTAMENTE TODO. Mi mejor amigo, mi mejor amiga, nuestra amiga común, el dependiente de la óptica, personajes ficticios y los perros a los que acariciaba por la calle. Leía mis conversaciones en redes sociales con la chica que más tarde me sacaría del armario y me decía cosas como: "Si te vuelves lesbiana, me suicido" o "Si me dejas, me matas".

Gracias al efecto positivo de esta chica que él temía "me volviese lesbiana" - totalmente contrario al que él me producía, siendo un nini (bueno, un nini quizá no, a veces iba a clase) que invertía la mayor parte de su tiempo en ver series, jugar a videojuegos y estar de fiesta, pero ingeniándoselas aun así para tener más problemas y vacíos existenciales que yo - conseguí recuperarme un poco del bajón emocional y de autoestima por el que estaba pasando y me di cuenta de que mi relación con aquel individuo no me resultaba beneficiosa - ¡no! ¿en serio? - sino perjudicial, y me propuse terminarla. 

Las cosas no salieron exactamente como yo las había planeado y las circunstancias que rodean nuestra ruptura son tan tontas y patéticas y me dan tanta vergüenza que voy a pasar de dar ningún detalle al respecto.

Mi relación con esta chica mejoró después de eso y fue con ella con quien me di cuenta de que no era heterosexual como había creído durante toda mi vida hasta ese momento. Empezamos a salir medio formalmente y yo me convertí en lo que había sido mi novio. Yo la quería - aún la quiero - y estaba firmemente convencida de que mi comportamiento reflejaba el amor que le profesaba. No vi que ser celosa y posesiva no era bonito hasta que ella me lo dijo.

Obviamente nuestra relación se acabó - principalmente por mi culpa -, aunque me siento muy orgullosa y agradecida de poder decir que seguimos llevándonos bien. De hecho, creo que es una de las personas que más aprecio y de las pocas que no soportaría perder.

©Kaethe Butcher
Ella, que me abrió los ojos más de una vez, fue el empujón que necesitaba para aprender a detectar y evitar el amor romántico. Gracias a ella pude librarme de relaciones tóxicas posteriores y de resultar tóxica para otras personas.

No es mi media naranja. Nadie lo es. Para compartir tu vida con una persona no hace falta que sea "LA" persona. Sólo tiene que ser alguien que no represente un problema y que aporte algo bueno a tu vida. ¿Que no? Siempre puedes querer a otra(s) persona(s) sin establecer un vínculo sentimental. 

Yo di un portazo al salir, y enseguida quise volver a entrar. Ella me dejó sin decir nada y me senté en silencio en un rincón. Me tolera, y yo puedo salir cuando quiera. Estamos ahí, la una para la otra, cuando nos necesitamos. Pero no dependemos de nosotras. Compartimos nuestras alegrías y nuestras desgracias cuando y si queremos.

Me gusta estar con ella. Sin atarla, sin molestarla y sin necesitarla.

No es mi media naranja. Es una fruta entera. Y yo también.
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