viernes, 17 de enero de 2014

Eifersucht

La niña se abrochó el abrigo, se puso la mochila a la espalda y, cogiendo sus llaves, salió de su casa. Bajó las escaleras, llegó al portal y salió a una fría y húmeda mañana de enero.
Avanzó por la desierta acera, observando pasar los coches a su lado. Dobló una esquina, vio gente relajada y a gusto en el cálido interior de una cafetería, y por un momento deseó poder sentarse allí y no tener que cruzar todo el pueblo para llegar al instituto.
Pero entonces lo vio a él. Alto, esbelto, con paso firme y mirada profunda. Pasó junto a ella y la miró con una media sonrisa. La niña se quedó sin aliento.
Pero entonces recordó qué hacía él allí todas las mañanas. Iba a buscar a su chica. Una chica que ella odiaba desde los cuatro años. Vivía a la vuelta de la esquina, y tanto ella como su hermano eran insoportables. Aquella chica sólo tenía un año más que ella, y se había hecho odiar desde el mismísimo día que se conocieron.
La niña la odió todavía más. ¿Qué veía él en esa? No tenía una sola virtud. No era guapa, no era lista, y mucho menos simpática. Era un mal bicho desde que era pequeña.
Pero él le había sonreído. Sí, estaba segura de que él le había sonreído.
[...]
Iba hablando casi a gritos con su amiga, mientras paseaba por el patio del instituto. Entonces volvió a verlo, con un amigo a cada lado. Caminaba hacia la puerta por la que ella acababa de salir. Y al pasar por su lado, la niña le miró, y vio que él había cortado la conversación con sus colegas y que también la miraba fijamente con sus ojazos verdes.
Volvió a quedarse sin aliento una vez más. Pero entonces él entró, y al abrir la puerta, ella oyó la voz de su novia llamándole.
Pero él la había mirado. La había mirado con intensidad.
[...]
Oh, no. Era él. Sí, era él. No estaba preparada, no. Tenía que desviar la mirada, hacer como si no existiera. Él no la vio. La adelantó al igual que a todos los demás y se abrazó a un amigo que iba delante. Lo soltó y riendo miró hacia atrás. Entonces sí la vio. Se puso serio, la miró como hipnotizado y se giró. Dio un paso vacilante hacia la niña, y abrió la boca como si fuera a decir algo. El corazón de ella latía desbocado. Entonces él apartó la vista y, sonriendo otra vez, llamó a otro chico que caminaba hacia él detrás de ella. Se reunieron y desaparecieron por una puerta. La niña suspiró, aliviada.
¿Qué acababa de pasar?
[...]
Salió del instituto. Él iba con su novia delante de ella. La niña se dispuso a seguirlos, pero no fue capaz. Le dolía ver a un ser tan hermoso... con aquella mala bruja.
Los adelantó, pero los pasos de él eran firmes y largos, y los suyos muy cortos. Intentó hacer oídos sordos a su conversación, aunque quizá así conseguiría más información sobre él.
Sin embargo, no pudo hacerlo. Con cada palabra que pronunciaban a su espalda, más le dolía el pecho. Sentía como si se fuese a partir en dos. No pudo soportarlo más, y apuró el paso para alejarse de ellos todo cuanto pudiera.
¿Por qué? ¿Por qué todo aquello, si nada iba a cambiar?
 
 



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