domingo, 1 de junio de 2014

Sucht

Últimamente no dejo de deprimirme a mí misma y a todo el que lee mi blog con quejas reivindicalistas (palabra que la mitad de mis compañeras y compañeros de clase no sabe escribir) e igualitarias contra el machismo y la homofobia, siempre presentes.
Hoy quiero hablar de otra cosa. Mi apoyo, mi esperanza, mi ánimo, mi motivación, mi alegría, mi corazón, todos mis buenos sentimientos. Rammstein. No sólo música.
Mis conocid@s, mis amig@s e incluso mis padres no comprenden mi obsesión. No es algo que yo pueda controlar. Necesito aferrarme a su arte, a su música y a su poesía para poder seguir adelante. Sé que suena absurdo. Incluso a mí me resulta ridículo escrito de esta forma. Pero no es algo fácil de describir con palabras. No me siento como una simple fan. Soy fan de Scissor Sisters, de Ryan Gosling... Con Rammstein es algo más. No es algo de mí hacia ellos, sino una especie de reciprocidad.
He analizado mi obsesión con la de otras muchas grandes fans, y he hallado importantes diferencias. Todas ellas tienen un punto de comprensión del mensaje de las canciones parecido, pero lo encuentro demasiado superficial.
Porque eso es lo especial de Rammstein: todas sus canciones tienen mensaje. En realidad, es lo especial de la voz de Rammstein. Hay cantantes muy buenos, incluso algunos que cantan mejor que Till Lindemann, pero que no pasan de ser eso, cantantes.
Me explico: el trabajo de un cantante es cantar, musicar un "poema" que puede estar escrito por él o no. Sin embargo, por muy bien que cante, si no lo siente no puede transmitir nada. Por ejemplo, Rob Halford es un gran cantante con una voz magnífica, pero en una canción como The Ripper no hace llegar nada a quien escucha. Y lo mismo pasa con Bruce Dickinson, otro fantástico vocalista. 
Till Lindemann, hasta ahora, ha sido el único que me ha transmitido algo con cualquiera de sus canciones. Dolor, pena, frustración, envidia, euforia, insanidad, maldad, compasión... No importa qué clase de sentimiento sea. Él vive lo que está cantando, lo que ha escrito. Él consigue que su voz cargada de emociones, sean cuáles sean, fluyan por tus venas.
Y hay otra cosa. Muchas de sus letras hacen referencia a cosas que he vivido, que he sentido, que he pensado, que he hecho o que he tenido el impulso de hacer. Todas esas fans con las que me he comparado no comparten eso. 
Ese dolor, esa envidia, esa frustración, esa insanidad... Todos esas sensaciones me pertenecen. A mí no me gusta Rammstein por sus looks, sus vídeos y sus entrevistas. A mí me gusta Rammstein porque me hace sentir que no estoy sola, aunque sea plenamente consciente de que esos seis hombres que marcan mi vida no son conscientes de mi existencia.
Rammstein es mío, y yo soy de Rammstein.



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