sábado, 12 de marzo de 2016

Un poco de feminazismo semanal

Este martes fue el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Desde el Ayuntamiento se organizó un acto a mediodía para que el alumnado de los institutos escribiera un manifiesto propio y lo leyera públicamente.

En nuestro instituto, desgraciadamente, se avisó tarde - o no con suficiente tiempo - y nos lo dieron todo preparado desde la Biblioteca. Leímos un texto de Eduardo Galeano (Si él hubiera nacido mujer) y algunos poemas de Antía Otero.

Hubiese sido mucho más digno para nuestro instituto (del que sólo fue mi clase) que nos hubieran dejado leer primero. En el otro, cada uno, o cada dos, o cada tres, prepararon su propio manifiesto, escribieron sus propias redacciones, se expresaron como quisieron. A nosotras nos lo dieron todo mascado y yo personalmente - el resto no sé - me sentí muy avergonzada, no solo por no haber tenido la ocasión de leer algo de mi propia cosecha, sino por otras razones a mi entender más indignantes todavía.

En mi clase las chicas somos mayoría absoluta, los superamos veintidós a seis. De seis alumnos, al acto vinieron dos. El resto se había "olvidado la autorización en casa". Es cierto que un par de chicas tampoco vinieron, pero no es lo mismo. Me parece muy feo, incluso insultante, el que desde la parte masculina de mi clase - en contraposición a la paridad del otro instituto - se muestre una tan clara y descarada indiferencia, rozando el desdén, ante la lucha feminista. De hecho, los dos compañeros que vinieron con nosotras vinieron únicamente para darnos apoyo moral o algo así - que ya es más que los otros cuatro -, porque creo recordar que no leyeron nada.

Dejando a un lado la vergüenza que siento todavía ahora, y a pesar de que en el momento de estar escuchando los escritos de las demás personas sentí una sincera admiración, quisiera hacer una pequeñísima crítica y a partir de ella aprovechar para redactar ahora lo que debería haber tenido preparado para leer el martes.

El tema general de los ya mencionados manifiestos giraba sobretodo en torno al papel de la mujer como madre y de la infravaloración del trabajo doméstico en la sociedad. También en un par de ellos se trataban los cánones de belleza impuestos por el patriarcado. Creo que es normal que, siendo estudiantes quienes los escribieron, se trate algo cercano, que les afecte directamente. Pero leer cinco, seis o más manifiestos en los que se habla de lo mismo y en los que además no aparecen términos importantes como "feminismo" o "patriarcado" me parece un poco superfluo e insustancial, teniendo en cuenta todos los aspectos en los que nos enfrentamos a una injustificada desigualdad.

Con esto no quiero infravalorar el esfuerzo de las alumnas y alumnos del otro instituto; como ya he dicho, hicieron más que nosotras. Sin embargo, yo hubiera - de haber tenido tiempo - cubierto algunos otros ámbitos también relacionados con la adolescencia.

Me refiero, por ejemplo, a la friendzone. Este término se utiliza mucho últimamente, en mi experiencia personal para reírse de un chico/hombre si tiene amigas mujeres que son solo sus amigas. La friendzone obedece a la popular creencia patriarcal de que si eres "bueno" con las mujeres, ellas te recompensarán con "muestras de afecto" (desde un beso hasta amor incondicional eterno, pasando por permiso de manoseo y puede que algún "favor"), y si no, entonces son "unas zorras frígidas feminazis desagradecidas que solo quieren ver el mundo arder".

Esto me lleva a hablar de otra materia muy común cuando se habla de adolescentes. No es ningún secreto que la actividad que más tiempo consume en la vida de un adolescente es la autocomplacencia. Nos lo recuerdan todos los días en la televisión, ya sea en películas, series... ¿Y en qué se recrea el adolescente estándar para ello? ¿Utilizar su imaginación? ¿Literatura erótica? Já. No.

La pornografía, por mucho que duela, es importante en la adolescencia. Es el primer paso hacia lo desconocido, la forma de aprender de lo más llamativo - al menos en ese momento - del mundo adulto sin tener que pasar vergüenza al preguntar. Pero, ¿qué es lo que aprende el adolescente estándar viendo porno?
  1. Que la principal función de la mujer en la sociedad es como fuente de placer.
  2. Que si un hombre es agradable con una mujer, ella debe recompensarlo adecuadamente.
  3. Que los genitales son todos iguales. Los femeninos, los masculinos no.
  4. Que una mujer solo es sexualmente atractiva si no tiene un solo pelo en el cuerpo - excepto en la cabeza - y si tapa con maquillaje cualquier imperfección facial (aunque eso no es exclusivo del porno).
  5. Que las mujeres no tienen vello púbico (aunque eso las haga más vulnerables a las ETS).
  6. Que en realidad la palabra "mujer" es un eufemismo. El término correcto es "puta"/"zorra"/"guarra" y sus respectivos derivados en "-illa".
  7. Que las mujeres se sienten sexualmente atraídas por todo lo que se mueve.
  8. Que las mujeres se excitan inevitablemente ante comportamientos violentos y/o denigrantes.
  9. Que cuando ella no quiere tener sexo en realidad sí quiere, por lo que el hombre está autorizado a abusar de ella sin tener que sufrir consecuencias después, ya que resulta que tiene un pene todopoderoso y ella lo disfruta enormemente.
  10. Que la vida de las mujeres gira en torno al pene del hombre, que da sentido a su existencia.
Así, en el improbable caso de que el adolescente estándar hubiese permanecido hasta ese momento en una burbuja que suavizara los efectos del patriarcado, en cuanto llega a la etapa de la efervescencia hormonal y la insaciabilidad esa burbuja explota y toda la porquería lo ahoga de repente sin darle tiempo a cubrirse.
 
Y ahora llega mi pregunta: ¿Qué pasa con las adolescentes? Es un hecho ya asimilado mundialmente que el adolescente estándar se masturba. Puede incluso decirlo abiertamente a otras personas. En el instituto se oyen alusiones al respecto todos los días. Hace poco, en el aula de al lado tuvieron un debate interesantísimo en horas de clase acerca de cómo eyaculan los hombres, y cada uno dio su visión individual con sus experiencias personales como base.
 
¿Y nosotras? ¿Qué relación tienen las adolescentes con la autocomplacencia y la pornografía? ¿Qué pasa si alguna se ve atrapada en "vicios de hombre" y accidentalmente se le escapa algo fuera (o dentro) de su casa? ¿Si se muestra interesada en algo relacionado con el sexo? ¿Si se masturba? ¿Si disfruta de su etapa de efervescencia hormonal e insaciabilidad al igual que hacen sus contemporáneos varones?
 
Probablemente se la tachará de "puta". Será víctima de miradas de asco, de desaprobación por parte de su familia, de burlas por intentar formar parte de un mundo que no es el suyo, un mundo de hombres. Las mujeres la rechazarán por abandonarse a los "impulsos animales" ante los que solo pueden ceder ellos y los hombres la rechazarán por ser una mujer sin femineidad. Dejará de ser una "chica respetable".

Como quiero pasar a otro tema en relación con esto, termino con un discurso de la pornógrafa feminista sueca Erika Lust.
 
 

Pasemos ahora a hablar de "mujeres respetables". Las prostitutas. Más comúnmente conocidas como "putas", "zorras", "furcias" o "fulanas". Es interesante el hecho de que la mayor parte de la gente que defiende que la prostitución es un trabajo digno se refiere a ellas con esos términos, casi siempre acompañados de una risita gilipollas al final (perdón por el epíteto sincero grosero).  
 
También es llamativo que todas esas personas "igualitarias" - hombres y mujeres - que creen que el feminismo es discriminatorio (porque no saben lo que es) están en contra de la abolición de la prostitución, ya que la consideran una represión de las libertades humanas. Y sin embargo, esas mujeres "igualitarias" se ofenden si por alguna razón se las compara con esas otras mujeres de tan digna profesión, y esos hombres "igualitarios" consideran una ofensa hacia las mujeres "normales" compararlas con las prostitutas.

¿Por qué tanto interés en defender hipócritamente la "libertad" sexual de las mujeres que ejercen la prostitución si después critican a todas las demás que mantienen relaciones con "demasiados" hombres? ¿Por qué defender el derecho de las mujeres a prostituirse para después ignorar su existencia o volcar desprecio en ella?

El año pasado, uno de mis compañeros decía que si una mujer disfrutaba del sexo y quería ganar dinero con ello, que él lo veía bien. Pero lo que se vende en la prostitución no es sexo, son mujeres. Cuando se paga a una prostituta, se está comprando a una persona. La prostitución es esclavitud. Y ella conlleva trato con mafias, tráfico de mujeres, secuestros, chantajes... Y no solo se prostituyen mujeres, también niñas. Y niños. 

Pero mi pregunta real es: ¿por qué se critica a las prostitutas y no a quienes las compran? Si no hay clientes, no hay prostitución. Y hasta que los hombres no dejen de comprar mujeres, no podrá haber igualdad.

Seguid llamándonos "feminazis".


Publicar un comentario