martes, 28 de junio de 2016

Más orgullo y menos prejuicios



Otro año más, llega la fecha representativa de nuestra constante lucha, golpeando con un puño multicolor el duro cristal de la cúpula heteropatriarcal que cubre el mundo, cada vez con más fuerza. En plena flor del 2016, el arco iris de la libertad (me estoy pasando con las metáforas) tiene una presencia notable en muchos lugares del mundo que lo potencian y lo hacen suyo. En otros se oculta, se repudia y se apedrea.

Tras el reciente incidente en Orlando, el primermundismo occidental ha atacado de frente al islamismo, recalcando la estrechez mental del fundamentalismo islámico por encima de la propia homofobia. En especial la mayoría cisgénero ha manifestado su repulsión por esta religión comparándola con el indudablemente libre y tolerante cristianismo, y, concretamente en España, tanto las masas como los medios de comunicación se burlaron con indignación cuando Alberto Garzón culpó al heteropatriarcado, como si no fuera este una característica común a la mayoría de las religiones (con respecto a esto no puedo decir nada que no haya expresado ya a la perfección Barbijaputa en su artículo "Cómo va a ser culpa del heteropatriarcado si no sé qué es eso").

Sin embargo, el primermundismo occidental apenas si hizo caso a algún que otro primermundista occidental ajeno al islamismo que lamentó públicamente que no hubiesen sido más muertos, que manifestó su alivio por "la disminución de pedófilos en las calles" o que alegó que "matar gays no es delito", lo cual se convirtió en Trending Topic en Twitter.

¿Y eso? ¿También es culpa del islamismo? ¿O es culpa del heteropatriarcado?

Aunque no sé si es la existencia de esta gente o que haya tanta otra indiferente a ella. Cuántas veces me habrán dicho que los homófobos son una especie en peligro de extinción, o que soy una paranoica por ver tanto odio donde no lo hay, o que con todo lo que ha avanzado la sociedad ya no hay necesidad de salir del armario, menos siendo bi.

Y a mí me duele porque yo veo el odio y la discriminación, pero gran parte de la gente cercana no. Me he encontrado con profesorxs que dicen que la transexualidad es una enfermedad, que califican de morbosa la intersexualidad y dicen que "cuando nace un bebé intersexual sus padres tienen que escoger si va a ser niño o niña" - no por mal sino por desconocimiento, pero es lo que dicen al alumnado -, o que hablan de dos únicos géneros y dos únicas orientaciones sexuales; amigos que niegan la existencia de la próstata o que prefieren ignorarla por considerar su simple mención una ofensa a su virilidad, que siguen e imponen roles de género heteropatriarcales sin darse cuenta y una vez lo hacen rechazan un posible cambio de ideas; compañerxs que justifican su homofobia en un supuesto feminismo del que no participan alegando estúpidamente que las relaciones homosexuales (masculinas, se entiende) son discriminatorias para la mujer.

Pero yo soy la paranoica, la radical, la "feminazi bollera estalinista" que todo el mundo mira mal cuando dice "no hay mundo para gulags" después de años oyendo estas cosas a diario.

Nuestro colectivo lleva siglos y siglos sufriendo la discriminación de una mayoría que busca la monocromía. Nos han llamado enfermxs, invertidxs, promiscuxs, indecentes... y pese a que estamos ya en el siglo XXI no han dejado de insultarnos por algo que incumbe a cada unx y en lo que nadie más debería meterse. Pasará mucho tiempo hasta que el día en que la sexualidad carezca de importancia, pero hasta entonces debemos visibilizarla, dejar de ser una minoría.

¿No sería mejor dejar de criar a nuestras niñas y niños dentro de una serie de normas que nadie debería sentirse obligado a cumplir, sin presionarlos desde tan temprana edad a tener "novio" o "novia" - me encantaría saber para que quiere tener novio una niña de cinco años y viceversa - y siempre marcando el sexo que deben escoger en base al suyo? ¿Cuánto se conseguiría avanzar en la sociedad si se pusiera en práctica algo tan sencillo como eso?

Por otra parte, con respecto a "no por mal, sino por desconocimiento", creo que existe una gran cantidad de gente ya adulta que encaja a la perfección en esas palabras. Sé mejor que nadie lo agobiantes que pueden resultar esas personas ajenas a la comunidad no-hetero que aunque sienten una mínima curiosidad y no un rechazo abierto, están igualmente condicionadas por los estereotipos heteropatriarcales (me parece que estoy abusando de ese término) y pueden llegar a hacernos preguntas muy, muy, muy estúpidas - especialmente cuando las preguntas tienen relación con el ámbito sexual y el individuo en cuestión cree que todo gira alrededor de meter una cosa dentro de otra. Pero digo: seamos pacientes (si podemos) e intentemos abrirnos y ayudar a entender a aquella gente que no consigue comprendernos, limpiemos de estereotipos la imagen que tanta otra tiene de nosotrxs. Sintámonos libres de ser como queramos, comportándonos de acuerdo o no a "nuestro género" o cualquier otro. Hagamos visibles nuestros colores hasta que todo el mundo se acostumbre y nos deje estar.

Creo que no tengo más cosas obvias que comentar. Muchas gracias por leer y besos para todas y todos.


P.D.: este año no he podido ir al Orgullo por causas ajenas a mí. Profundamente desilusionada.
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